13 sept. 2010

EL QUE PIERDE ERES TÚ...(II)



Juan Francisco salió apresuradamente de la oficina para llegar a la cafetería cuanto antes, pero de todas formas llegaba tarde. La cafetería quedaba a 3 calles de allí así que decidió ir caminando porque perdería menos tiempo que si cogía el coche. ¿Por qué será que siempre llego tarde a todos lados? se preguntaba. Suponía que ella le estaría esperando mientras corría alocadamente por la calle.

Había pensado en Marina, en su cabello rubio, en sus ojazos claros durante todo el día y deseaba verla.

Cuando entró en la cafetería y la vio, respiró profundamente.

- Hola Marina, cómo estás?, - dijo acercándosele.

Ella se levantó y le saludó con dos besos, eso le sorprendió y le gustó.

Se sentaron y fue él el que rompió el silencio que se había instalado entre ellos mientras se miraban.

- Disculpa Marina, se me ha hecho tarde,- dijo Juan mientras no apartaba sus ojos de los ojos de ella.

-No te preocupes, hace unos cinco minutos que he llegado, también he llegado tarde,- dijo ella sonriendo.

- Qué quieres tomar?, le preguntó él.

- Un café solo está bien.

- Pues para mí un cortado que tengo que recuperarme de la carrera que me he pegado hasta aquí,- dijo Juan haciendo una seña al camarero para que viniera a atenderlos.

- Pobrecillo, - dijo ella riendo. Pero no era necesario que vinieras así.

- Me ha gustado verte el otro día por la web cam, pero aún más así, personalmente…eres preciosa!!! Y ese vestido negro te queda muy bien.

- Gracias….y tú eres muy agradable también….me has sorprendido gratamente y más al verte…esa camisa negra indica que eres un hombre sencillo pero elegante,- dijo ella haciéndole un guiño.

- Gracias,- dijo él riendo divertido. Si seguimos así, no hablaremos de nada más y solo nos tiraremos con flores. Me encanta tu conversación y tu compañía.

Siguieron mirándose y charlando animadamente. Por la cabeza de Juan Francisco se cruzaban mil ideas, algunas locas y otras francamente descabelladas, y se decía que no podía, pero realmente la deseaba y se preguntaba cómo sería estar con esa mujer tan guapa en una cama.

Marina se sentía encantada de estar conversando con su amigo y le revoloteaban las mariposas en su estómago. Jolines, pensaba, me gusta, qué bueno que me he puesto este vestido, porque a él le ha gustado.

Él casi sin querer le rozó la mano y ella no la quito y sintió un chispazo de electricidad recorrer todo su cuerpo.

Bueno esto pinta bien pensó Marina. Por dios, Marina que piensas!!!, recién nos conocemos….bueno…en realidad no….hace como un mes que chateamos…mensaje tras mensajes, casi todas las noches, pero noooo, no pienses esas cosas, no te dejes llevar, que ya sabes luego lo que pasa. Tranquilidad, por dios, que nos conocemos recién hoy personalmente, pero nos entendemos y nos gustamos, eso es obvio, me está mirando con unos ojos tan tiernos….y yo no sé que estoy pensando…se me ha ido la pinza totalmente.

Madre mía…que guapa es!!! seguía pensando Juan Francisco., ¿cómo será tenerla entre mis brazos?…me gusta y mucho…realmente la deseo.

- Quieres algo más Marina???...otro café?, - preguntó él para cortar con sus pensamientos.

- No, no, que sino después no duermo,- contestó ella con énfasis.

- Vale…tienes algo que hacer después?,- preguntó él interesado. Porque me encantaría seguir disfrutando de tu compañía, si quieres. Yo los viernes por la tarde no trabajo….y tú?....Creo recordar que me has dicho que no, verdad??

- Así es….si quieres podemos pasear por el Paseo Marítimo, aunque hay un poco de viento pero la tarde está soleada.

- Me gustaría y así seguimos conversando, contestó él pero por su cabeza se cruzaban miles de ideas como desde hacía un rato.

Cuando salieron de la cafetería se miraron y Juan Francisco sintió que debía besar a Marina, no podía pasar un segundo más sin sentir el sabor de esos labios, así que la miró, la abrazó y sin cortarse lo hizo, fue un beso cálido, tierno, sensual y dulce, muy dulce. Ya no había vuelta atrás, ahora sabía que Marina le gustaba y mucho y que ella sentía algo similar por él.

Siguieron abrazados durante unos minutos en la puerta de la cafetería. Él le dijo tengo mi coche cerca, te llevo a tu casa, olvidándose del plan de caminar y que además su coche estaba aparcado como a 3 calles de allí al lado de su oficina. Ella le miró y le dijo que sí y las mariposas comenzaron a revolotear nuevamente por todos lados.

Casi sin palabras, solo sintiendo, habían decidido dejarse llevar.

Continuará….