12 sept. 2010

EL QUE PIERDE ERES TÚ...(I)



A ella le encantaba leer. Marina leía todo lo que caía en sus manos. Cuando llegaba de su trabajo, se quitaba la ropa, se ponía algo cómodo, se preparaba un té de limón, calzaba sus gafas de leer y leía. En realidad devoraba libros, historias, novelas. Pero últimamente se había aficionado a leer blogs en internet y también estaba en una red social en la que había conocido gente interesante, comentaba blogs, intercambiaba saludos y de vez en cuando escribía, que también le gustaba. Todo esto lo hacía para entretenerse y desconectar de las largas jornadas de trabajo.

Era una mujer equilibrada, tranquila, responsable, a veces se encontraba a la expectativa con la gente, con las situaciones que vivía, con el día a día, como esperando a ver qué pasará, siempre sopesaba los pros y los contras de todo, pensaba mucho para dar un paso adelante, no se permitía error alguno. Siempre decía que los errores provocan dolores y a ella no le gustaba sufrir, la verdad que no.

Un tiempo atrás había amado mucho a un hombre, pero la relación no había resultado, él se había marchado a otro país dejándola desconsoladamente sola, aunque ya se había acostumbrado a esa soledad, porque se sentía libre, hacía lo que quería y se sentía a gusto consigo misma.

Tenía muchos amigos virtuales de la red social y amigos reales con los que iba al cine y salía de tapas de vez en cuando.

Era feliz con esa vida tranquila, apacible, sin sobresalto alguno. Sus amigas querían que saliera más y conociera gente, porque así encontrarás un nuevo amor, le decían y a veces lo hacía, pero también le gustaba la calidez de su hogar.

A través de la red social había conocido a un hombre muy interesante, que escribía muy bien, de casi su misma edad. Comenzaron a comentarse lo que cada uno escribía. Un día ella le dio su correo electrónico por si a él le apetecía comentarle algo más disimuladamente. Así comenzó una seguidilla de correos y un día a poco de eso, él le sugirió hablar por el Messenger y gustosa aceptó.

Se conectaban casi todas las noches, la conversación les resultaba muy agradable ya que él lograba sacar de ella su mejor vena irónica, así que reían mucho y se divertían pasando algunas horas charlando.

Una noche, él le pidió que conectara su web cam. Un poco reticente al respecto y aclarándole que ella no era un bellezón, lo hizo, no sin antes también pedirle que él conectara la suya así lo veía.

Ella era una mujer guapa, rubia y de ojos claros, así que cuando él la vio, a pesar de que había visto infinidad de veces las fotos que ella colgaba en su página, se sorprendió y exclamó: ¡Qué guapa eres!. Tú tampoco estás tan mal le contestó ella, y era verdad, Juan Francisco, era un hombre muy guapo, moreno y con una sonrisa muy bonita.

Él sintió que tenía que conocerla personalmente y ella que le gustaría tomar un café con él para conversar así como lo hacían todas las noches pero frente a frente.

Mirándose por la cam, ninguno de los dos salía de ese asombro que sienten dos personas cuando se ven por primera vez y se gustan. Al final después de unos minutos sin decirse nada, él se decidió y le dijo: ¿Qué te parece si quedamos para un café? ¿Te parece bien mañana?, ella entre sorprendida y encantada le dijo que si y unas maripositas revolotearon esa noche por su dormitorio mientras pensaba y una sonrisa se le dibujaba en la cara.

Al fin mañana le conocería.

Continuará…..