26 sept. 2010

BAJO LA LLUVIA (III)...



El otoño dejó paso al invierno que estaba siendo particularmente frío y también lluvioso como su predecesor.

Ella había quedado esa tarde para tomar un café con una amiga, pero antes y para hacer tiempo, entró en su librería favorita.

Estaba buscando un libro que le habían recomendado. Siempre le había gustado leer y desde que le conoció a él la afición se había vuelto adicción, porque a él le fascinaba leer y tenía una colección de más de mil libros en su casa que ordenaba por temas en una gran biblioteca.

Alguna que otra vez, habían pasado horas  comentando sobre los últimos libros que habían leído, intercambiando impresiones sobre el autor y la trama. Solían compartir gustos, a ella le gustaban las novelas policiales y a él también junto con las de investigación histórica.

Ahora que hacía tanto tiempo que no se veían, le gustaba pasear un rato, cuando podía, entre aquellas montañas de libros, mirando las últimas novedades.

Sabía que aquella librería era de las favoritas de él, porque más de una vez le había acompañado.

Después de su último encuentro, había ido muchas veces a la librería y siempre pensaba que algún día se lo encontraría, pero nunca había pasado. De hecho, había perdido la esperanza de verle nuevamente, porque la ciudad era grande y no era muy lógico pensar que otra vez le encontraría por casualidad, hasta que al coger varios libros y girar para dirigirse a la caja de la librería a pagarlos, se encontró con él, frente a ella.

En aquel momento no pudo saludarle, las palabras no salían de su boca, solo podía mirarle a los ojos, los que seguían sonriéndole tiernamente y hasta parecía que le hablaban.

Él también parecía sorprendido de verla allí, porque le notó algo nervioso cuando le saludó y ese detalle le recordó las primeras veces que se habían encontrado.

Al fin se saludaron y conversaron unos minutos. El tiempo suficiente para preguntarse ¿cómo estás?, decirse “te veo bien”, “¡qué alegría encontrarte!”. “¿Cuánto tiempo ha pasado, verdad?”, “¿qué te parece si quedamos un día de estos para tomar un café?”. La respuesta no se hizo esperar, fue un si, por parte de ella, acompañado de un “te llamo, me ha encantado encontrarte aquí” por parte de él, junto con un beso.

Cuando ella salió de la librería había parado de llover y un tímido sol comenzaba a brillar entre las nubes, como la esperanza que  intentaba renacer dentro de su corazón.

Continuará…