25 sept. 2010

BAJO LA LLUVIA (II)...



Hacía casi un año desde que se habían visto por última vez, y aún recordaba el beso que se dieron en la puerta de la cafetería, era tan intenso el recuerdo, que sentía el calor de los labios de él aún sobre los suyos.

“Así como vas a olvidarlo”, se decía a veces. Todos sus intentos habían sido en vano y tenía claro que olvidar todo lo vivido con él sería algo que nunca conseguiría.

Después de aquella cena, esperó una señal, una llamada, un simple mensaje, algo que le dijese que él seguía estando, que todo aquello que habían compartido había sido importante para él, tanto como lo había sido para ella. Pero nada, no recibió nada.

Pasaron algunos meses y un día le vio de lejos en un centro comercial. Caminaba despacio mirando escaparates cuando a lo lejos pareció verle. Fue un instante pero su forma de caminar le decía que era él y su corazón se aceleró. No sabía qué hacer, no podía controlar el impulso de querer tenerle frente a ella, quería hablar, quería saber el porqué de su ausencia, pero no se animó a acercarse, sus piernas flaquearon y tuvo que sentarse en un banco cercano.

Le vinieron a la mente tantas imágenes, sus besos, sus caricias, que no era capaz de asimilarlo todo de golpe. Su historia había sido tan intensa, o por lo menos ella la había sentido así, que siempre pensó que si aquello hubiese seguido adelante la experiencia habría sido realmente maravillosa, pero había quedado en una historia de “quiero pero en este momento no puedo”.

Desde donde se había sentado podía verle. Le hubiese gustado poder acercarse, saludarle y hasta tomar un café juntos, pero no podía o mejor dicho, no debía, aunque sus ganas reprimidas retumbaban como tambores en su mente y en su corazón.

Él estaba igual, alto, moreno, tan guapo como hacía más de un año, con esa mirada tierna que solo ella veía. Se levantó del banco mirando de reojo hacía donde él se encontraba y se dirigió a la salida del centro comercial, sin hacer las compras para las que había ido.

Había comenzado a llover, pero esta vez sí tenía paraguas, así que caminó hacía donde había estacionado su coche mientras se decía, no importa, ya vendré otro día, pero la tentación es muy fuerte y no puedo quedarme y si él no se ha comunicado, sus razones tendrá y aunque me pese, las cosas deben seguir así, aunque se me desmaye el corazón de pena y me arrepienta después de lo tonta que he sido.

Continuará…