28 sept. 2010

BAJO LA LLUVIA (FIN)...



Pasó una semana y recibió la llamada de un buen amigo para invitarla a una reunión en su casa.

Sabía que irían todos sus amigos y muy posiblemente él, pero no se animó a preguntar quienes asistirían, así que desconocía por completo si lo vería.

Esa noche, se vistió y maquilló para estar bien guapa con la esperanza de verlo. El tráfico estaba agobiante y se estaba poniendo nerviosa porque llegaba tarde, hasta que al fin logró llegar a la casa de su amigo. Tuvo que dar dos vueltas para poder estacionar y dejar su coche lejos y caminar. Al entrar a la casa de su amigo presurosa porque se había retrasado, le llegó el aroma  de su perfume, como un aviso de que él estaba cerca.

También él había llegado tarde y todavía estaba saludando al resto del grupo cuando la vio entrar en el salón, con prisa, nerviosa y se la quedó mirando. 

Ella saludó a sus amigos, los cuales la apreciaban mucho y con los que se sentía muy a gusto, un lujo del que no solía disfrutar muy a menudo por cuestiones de trabajo, pero en cuanto tenía oportunidad siempre asistía a ese tipo de reuniones.

Y llegó el momento de saludarlo a él que no había apartado sus ojos de ella desde que la vio.

Cuando ambos se miraron ella pudo ver en sus ojos que aún la tenía en su mente, como tantas veces lo había notado cuando la miraba, prueba evidente que lo que una vez sintieron seguía allí latente como aquel día en que se abrazaron por última vez bajo la lluvia.

Ella al besarle en la mejilla, quiso decirle al oído todo aquello que siempre se había callado en sus últimos encuentros pero no era capaz de decírselo con pocas palabras. Le hubiese encantado darle un abrazo como los que se daban entonces y que los dejaban sin aliento, pero no era posible y el momento del saludo se quedó simplemente en dos besos rápidos aunque cariñosos.

La cena transcurrió alegremente entre buen vino y excelente comida, llena de una distendida charla acompañada de muchas risas.

A ella le encantaba verle reír y eso que él no lo hacía muy a menudo. En ese momento, recordó la primera vez que le había visto reír y cómo le había gustado aquella imagen….¡cuántos momentos compartidos habían disfrutado juntos!, pero también cuanto habían perdido por esa lejanía impuesta por él. 

La noche llegó a su fin igual que el encuentro y todos comenzaron a despedirse. Ella esperaba un gesto, una palabra que le hiciera pensar que él deseaba estar con ella, tanto como ella deseaba estar con él.  Así que se sorprendió, cuando él le preguntó mientras iban saliendo, si había venido en su coche o quería que la acercara a su casa. Ella lo pensó, había dejado su coche aparcado lejos de allí y él no podría verlo, así que no  descubriría la pequeña mentira que le diría y le contestó que había ido a la cena en taxi, ya recuperaría su coche al día siguiente. Él le preguntó sonriente, “¿te acerco a tu casa, entonces?”. Ella asintió con un movimiento de cabeza y una sonrisa. Se despidieron del resto de sus amigos con varios besos y la promesa de volver a quedar dentro de un mes.

Se subieron al coche, mirándose sin decir nada. Ella le notaba cambiado desde la última vez que se habían encontrado en el parque, aunque hacía apenas una semana que se habían visto. Advertía alguna que otra arruguilla que enmarcaban sus ojos, pero que le conferían el mismo aspecto risueño de siempre. Los ojos de él, eran lo que más le atraía y le encantaba que la mirara con esos ojos tiernos, que le transmitían mucha alegría y ternura.

Cuando llegaron a su casa, él la besó, como siempre lo había hecho cuando estaban juntos y ella le invitó a pasar. Allí sentados en el sofá frente a la foto de ambos, le preguntó “¿crees que tendrán un futuro juntos?”.

Y él mirándola fijamente, le contestó, “sabes que mi situación no es buena, pero no quiero dejar pasar más tiempo alejado de ti, no quiero vivir sin ti, viéndote de vez en cuando, solo como amigos, no sé si ese futuro será eterno porque nada lo es, pero espero poder ofrecerte todo lo que te mereces. Prometo hacerte feliz, aunque esta promesa sea un arma de doble filo si no lo consigo, pero lo intentaré, créeme qué sí”.

Después de todo ese tiempo, ella se sentía feliz de haber compartido tanto con él y aunque hubo momentos de soledad, mucha espera y tristeza, se alegraba de haberle esperado, porque sabía que era la única persona que podía hacerla feliz.

Se abrazaron y sintieron a lo lejos los primeros truenos, como aviso de que comenzaba a llover.

FIN