27 jun. 2010

SIMPLEMENTE...OTRA VIDA (XII)



La fuerte voz de Javier retumbó en la Notaría y Don Manuel giró su cabeza hacia la puerta para ver quién era la persona que así hablaba y  al girar, soltó a Estela que cayó sentada en la silla, aliviada.

- ¿Y Ud quién es? ¿Cómo se atreve a gritarme en mi despacho?,- preguntó Don Manuel.

- No le importa quién soy, pero si quiere saberlo, soy el novio de Estela,- mintió Javier. Así que vaya sacando sus sucias manos de mi novia, si no quiere que pase algo que no le gustará.

- Vale, está bien, - dijo Don Manuel. No sabía que Estela tenía un novio tan  celoso.

- No es que sea celoso, pero su trato es impropio y no quiero darle explicaciones a Ud…mamarracho,- dijo Javier bastante enfadado a esa altura por la sorna con que le hablaba Don Manuel.

Estela no podía creer lo que veían sus ojos. Javier la defendía con una vehemencia inusitada y Don Manuel parecía un lobo en celo. A pesar de los nervios que había pasado, la situación que se había dado después la sorprendía y no sabía qué hacer, pero al final reaccionó, se levantó de la silla, cogió su bolso y se acercó a Javier, dispuesta a irse con él.

Javier al verla a su lado le colocó la chaqueta que tenía en la mano por los hombros. Abrió nuevamente la puerta para que Estela saliera, diciéndole a Don Manuel:

- No espere a Estela nunca más por aquí, porque ella no regresará a trabajar con Ud, ¿le queda claro?.

- Vale, vale, está bien parejita feliz- dijo Don Manuel sin dejar de ser sarcástico.

Ya en la calle, Estela se derrumbó en los brazos de Javier.

- Gracias Javier, no sé qué hubiera pasado si no te apareces en ese momento, - dijo Estela con lágrimas en los ojos.

- Es que te habías olvidado tu chaqueta en el perchero de la Librería y pensando que estaría frío a la noche cuando salieras de la Notaría decidí traértela. Menos mal, porque tu jefe estaba dispuesto a todo, ¡¡¡qué basura!!!,- dijo Javier sacando un pañuelo de su bolsillo y secando las lágrimas de Estela.

- Me flaquean las piernas Javier, - dijo Estela temblorosa.

- ¿Quieres que te acompañe a tu casa?,- preguntó Javier dulcemente.

- Te lo agradecería, si, - dijo Estela apoyándose en Javier.

Y así abrazados llegaron a la puerta de la pensión. Estela se sentía bien en los brazos de Javier, se sentía segura. Él estaba contento por tenerla así, no podía explicar que era lo que sentía, era una sensación extraña que hacía mucho no sentía, ya la había sentido cuando la vio por primera vez.

- Bueno ya estamos aquí, - dijo Estela. Gracias de nuevo Javier.

- Bien, Estela, - dijo Javier y se separó de ella. Nos vemos mañana en la Librería.

- Vale, hasta mañana, - dijo Estela mirando a Javier directamente a los ojos.

Él retrocedió sin dejar de mirarla, giró y caminó cuatro pasos hacia su casa, pero se arrepintió y volvió su cabeza para mirarla. Ella aún estaba parada en la puerta de la pensión mirándole, así que en un arrebato, regresó y la abrazó.

- Sé que esto es precipitado, pero tengo que decírtelo. Te quiero Estela, - dijo Javier apretándola contra su pecho.

- Y yo a ti Javier. Desde el día en que te conocí no dejo de pensar en tus ojos, - dijo Estela entrecortadamente.

Javier rubricó las palabras de ella con un tímido beso en los labios.

Y así continuaron abrazados durante un largo rato sin decirse nada, no era necesario, sus miradas hablaban y así sería por siempre.

FIN