26 jun. 2010

SIMPLEMENTE...OTRA VIDA (XI)



Estela salió de la Notaría pensativa. Notaba en Don Manuel una actitud muy amistosa que no le terminaba de convencer. Hacía apenas tres días que le conocía y veía que él la miraba de una forma que a ella no le agradaba. En fin, no pasa nada, no le daré más vueltas a esto, se dijo, no tiene importancia, quizás son ideas mías, le trataré como lo que es, mi jefe y nada más.

Siguió caminando rumbo a la pensión y pasó por el bar de la esquina en donde se compró un bocadillo de jamón serrano y muy contenta se lo comió en la pensión acompañado de un café. Ese sería su almuerzo de hoy, no le daba tiempo para más, tenía que regresar a la Librería en donde la esperaba Javier. Él sí que le caía bien, le parecía un hombre muy agradable y tenían gustos de lectura comunes.

En cuanto llegó a la Librería vio que Javier estaba arreglando libros en una estantería, así que dejó su bolso sobre una mesa y la chaqueta en el perchero y se dispuso a ayudarlo.

- Hola Javier, ya estoy aquí, - dijo Estela cogiendo libros de la misma caja de donde él los estaba cogiendo y se los pasó.

- Hola Estela, qué tal?. Has llegado temprano,- dijo Javier mirándola sorprendido y encantado.

- Si, lo de la Notaría ha sido rápido, aunque tengo que regresar en la tarde, después que salga de aquí,- contestó Estela.

- Aaahh, vale. Pensaba que ya habías liquidado el trabajo, Porque realmente eres muy eficiente, - dijo Javier sonriendo.

- Gracias, Javier. Pero me espera un escritorio repleto de expedientes esta tarde. Espero hacer el trabajo rápidamente, - dijo Estela pensando en lo que se le avecinaba.

- Vale, no creo que aquí tengamos mucho trabajo. Si quieres y como has llegado más temprano, te puedes ir antes y así tienes más tiempo para terminar lo que tengas que hacer allí, te parece?, - dijo Javier, aunque inmediatamente se arrepintió de haberlo dicho. Si dejaba ir a Estela antes, no la tendría cerca, que era lo que más le agradaba.

- Gracias otra vez, Javier. Muchas gracias,- dijo Estela sonriendo contenta. Realmente Javier, le caía bien y esa posibilidad que le estaba dando le reafirmaba que Javier era una buena persona.

La tarde transcurrió tranquila, sin mayores novedades ni ventas, así que a las 7 de la tarde, Javier le dijo a Estela que podía marcharse y así tenía más tiempo para los expedientes en la Notaría.

Estela salió de prisa y olvidó su chaqueta en el perchero. Llegó a la Notaría y allí le esperaba Gloria para indicarle con que expedientes debía ponerse a trabajar y observó que Don Manuel estaba en su despacho.

Dejó su bolso en una esquina de la mesa y se puso manos a la obra con los expedientes. Gloria la observaba contenta de tener una ayudante tan eficiente.

- Estela dentro de una media hora me iré, - dijo Gloria. Si tienes alguna duda pregúntame, y si no se lo preguntas a Don Manuel.

- Si, claro, Gloria, - contestó Estela sin dejar de teclear en la máquina de escribir.

De repente y mientras Estela seguía escribiendo, Don Manuel llamó a Gloria a su despacho, de donde ésta salió a los pocos minutos diciéndole a Estela que debía marcharse a llevar unos documentos a un cliente para que los firmara.

- Aquí te quedas, guapa, si tienes alguna duda se la preguntas a Don Manuel, vale??, - dijo Gloria, mientras se despedía de Estela.

A los cinco minutos de que Gloria se hubo marchado, Don Manuel salió de su despacho.

- Cómo vas Estela??,- dijo acercándose hasta el escritorio donde ella se afanaba con la máquina de escribir y las carpetas.

- Bien, Don Manuel. Dentro de poco completaré este expediente y ya quedará menos trabajo para mañana,- contestó Estela con los ojos fijos en el expediente que tenía enfrente y sin dejar de escribir.

- Oye Estela, no me digas Don Manuel, que me haces más viejo, - dijo riendo Don Manuel.

- Vale, es que no me acostumbro, Manuel. Así está mejor?, - dijo Estela sin levantar la vista del documento.

Manuel aprovechó para acercarse y coger el documento con el que trabajaba Estela, acción que a ella le pareció un poco inoportuna, ya que quería terminar cuanto antes e irse, así que le miró y preguntó si algo estaba mal y él le contestó.

- No, Estela, no hay nada malo con tu trabajo, al contrario, estoy muy contento contigo. Trabajas mucho, eres rápida. Lo que no me parece bien es que no me mires con esos ojos tan bonitos que tienes cuando te hablo, - dijo Don Manuel y la cogió de la barbilla suavemente.

Estela no sabía qué hacer, se sorprendió e hizo ademán de alejarse, lo que hizo que Don Manuel soltara su barbilla y la cogiera por los hombros.

Ella se sentía violenta, no le gustaba el cariz que estaba tomando la situación y quería irse lo más pronto posible de allí y ya pensaría si regresaba. La actitud de Don Manuel no correspondía y además ella no le había dado pie a él como para que se comportara de esa forma. Con un suave ademán intentó zafarse de los brazos de él, pero éste la abrazó aún más e intentó besarla.

Ella forcejeó y cuando estaba a punto de sucumbir porque él era más fuerte, se abrió la puerta de la Notaría y escuchó una voz firme que decía:

- Suéltela ya mismo o no respondo, - dijo Javier con autoridad.

Continuará…