19 jun. 2010

SIMPLEMENTE...OTRA VIDA (X)



Todo transcurría con normalidad ese día. Las ventas en la Librería iban viento en popa. Estela pensaba que había comenzado con buen pie. Ya había vendido tres libros ese día y de diferentes autores, hasta un Quijote muy gordo, que un padre se empecinó en comprarle a su hijo, que no quería leer. Pobrecillo pensó, lo harán leer aunque no quiera y se acordará toda su vida de “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…”.

Javier había tenido que salir a hacer varios recados, ir al banco y otros trámites que lo mantuvieron ocupado casi toda la mañana y ella había estado sola atendiendo la Librería, porque Don Miguel había estado un rato, pero con un resfriado tal, que se marchó en medio de un mar de estornudos y diciéndole que se iba para no contagiarle y porque se sentía mal.

Cuando llegó Javier al mediodía, la vio que estaba atendiendo a un cliente, así que se puso a observarla. Pero no observaba como se desenvolvía en ese ambiente, sino su sonrisa, su pelo, sus ojos. Estela le resultaba guapísima y no podía dejar de mirarla.

El cliente se marchó y Estela le saludó.

- Hola Javier, ¿qué tal los trámites?. ¿Has podido hacer todo lo que querías?.

- Si, todo listo. Por suerte no tuve que esperar mucho en el Banco y en la Gestoría todo fue muy fácil. Vamos a ver si podemos adquirir ese local más grande para trasladar la librería. Este se nos ha quedado pequeño. Hace 20 años que mi padre comenzó con la Librería aquí y ya va siendo hora de cambios, aunque según Don Marcial, el Gerente del Banco, no es buen tiempo para esto. Aunque hace unos años atrás también decía lo mismo, ¿yo qué sé, Estela?. Lo único que sé, es que si no nos mudamos, dentro de poco no podremos comprar libros porque no habrá estantería donde ponerlos aquí. Así que nos mudamos o nos mudamos, no nos queda otra solución, - dijo Javier, con tono de preocupación en su voz.

- Bueno, Javier, no te preocupes, - dijo Estela. Ya verás que todo sale bien.

- Oye, que ya es mediodía, Estela. Si quieres, puedes irte a almorzar a tu casa, por mí no hay problema, me quedaré aquí arreglando todo el papeleo, - dijo Javier, cogiendo unas carpetas donde iba a archivar toda la documentación que tenía en la mano y esperando que Estela le dijera que se quedaba.

- Gracias, Javier, -dijo Estela. Aprovecharé para pasar por la Notaría, ya que me queda cerca de aquí. Voy a ver si me pueden decir Gloria o Don Manuel que es lo que tengo que hacer esta tarde.

- Bien, te espero a las cinco entonces, - dijo Javier con voz que denotaba tristeza porque Estela se iba, mientras ella cogía su bolso y se dirigía a la puerta.

- Hasta luego, Javier,- se despidió Estela y le sonrió para darle ánimo.

Estela se dirigió a la Notaría y allí le abrió la puerta Don Manuel, porque según le dijo Gloria se había marchado a comer.

- Pasa, Estela, así te explico que tienes que hacer,- dijo Don Manuel.

- Bien, - dijo Estela mientras se dirigía al escritorio en donde había una pila de carpetas peor que la del primer día que estuvo allí.

- Es muy fácil, guapa. Tienes que hacer lo mismo del otro día. Lo recuerdas?, - dijo Don Manuel mientras la miraba con ojos sonrientes.

- Si, claro, - contestó Estela, pensando que si el otro día había sido fácil, no habría problema.

- Muy bien, tienes que comenzar con el expediente de Pérez, que es el más urgente y ya después sigues con el resto, -dijo Don Manuel enseñándole la carpeta con el membrete Pérez e hijos, sucesión.

- Vale, esta tarde regreso, después de salir de la Librería y me pongo manos a la obra, - dijo Estela sonriendo.

- Muy bien, guapa. Has almorzado, ya?,- preguntó Don Manuel. Yo voy a ello, si quieres podemos almorzar juntos?.

Estela quedó cortada, no sabía que responder, pero al final le dijo que no, que tenía cosas que hacer.

- Bien, guapa, nos vemos esta tarde, - dijo Don Manuel y abría la puerta para que Estela saliera.

No pasa nada, Manuel, se dijo, otro día Estela aceptará almorzar contigo o tomar un café para hablar. Es una mujer muy guapa y esos ojos que tiene son muy bonitos, me tienen atrapado.

Continuará…