13 jun. 2010

SIMPLEMENTE...OTRA VIDA (VIII)



Estela se levantó temprano, se duchó y fue a desayunar al bar de la esquina, un café con leche y tostadas.

Eran las 8 y cuarto cuando llegó a la puerta de la Librería de Don Miguel. Sabía que había quedado a las 8 y media pero quería llegar con tiempo y así podía mirar los libros que estaban en el escaparate.

Cinco minutos después vio a Javier caminando por la acera de enfrente. No sabía porque, pero le sonrió. Le parecía un hombre muy agradable, a pesar de tener los ojos verdes igual que su ex – Luis. Bueno, eso no puede ser malo, se dijo, es más son muy bonitos los ojos de Javier….aaayyyy Estela, en que estás pensando….quita…quita….y además ahí cruza él.

- Hola Estela, hace mucho tiempo que esperas?, - preguntó Javier mientras se acercaba.

- Hace cinco minutos, nada más, Javier, - contestó Estela y le dio la mano en señal de saludo.

- Espera que abro y ya podemos entrar, - dijo Javier tendiendo su mano y a continuación comenzó a abrir la reja y la puerta.

Javier hizo pasar a Estela primero y ella se vio sumergida en el exquisito olor a papel escrito  que derrochan las librerías y en toda esa sabiduría encerrada en los anaqueles llenos de libros que tanto le gustaba.  En ese momento recordó su anterior trabajo en la librería de su pueblo. ¡Cuánto leía mientras no entraba nadie!. Siempre lo hacía porque así podía recomendar libros y además mantenerse al día con lo último de sus escritores favoritos.

Javier cerró la puerta. Acostumbraba a abrir la librería a las 9 pero siempre llegaba antes para ordenarla un poco y hacer cuentas. Ese día tenía otra razón por la cual llegar temprano, enseñarle a Estela todo el manejo de la librería para que pudiera ayudarle. Sospechaba que iba a ser muy fácil trabajar con ella, además de guapa, ella le daba la impresión de ser muy lista y no podía dejar de mirar sus grande ojos marrones y su sonrisa que lo tenían cautivado desde que se había cruzado con ella el día anterior en la entrada.

Javier comenzó a explicarle donde estaban los diferentes autores, como se organizaba la librería, los horarios, hasta le explicó quienes eran los principales clientes que tenían y cuáles eran sus gustos. Se enorgullecía de poder ofrecerles a sus clientes habituales las últimas novedades de sus escritores favoritos.

Estela escuchaba a Javier con atención y tomaba nota mental de todo lo que él le explicaba, ya lo anotaría en su pequeña libreta para memorizarlo todo bien, más tarde y hacer su trabajo lo mejor posible. Se sentía a gusto hablando con Javier y veía que él también, porque le sonreía en todo momento mientras le explicaba.

- Bueno, Estela, tenemos que abrir, son casi las 9. En principio, si quieres, mírame como lo hago y ya te irás soltando tú sola. No pretendo que seas una gran vendedora de libros el primer día.

- Muy bien, Javier. Me gusta este trabajo y espero poder hacerlo bien. Además lo necesito, - dijo Estela contenta.

En ese momento entró una señora rolliza, bien vestida y con muchas pulseras, en la librería. Saludó a Javier y sonrió al ver a Estela.

- Hola, Sra Morales, - dijo Javier. Buenos días. Qué gusto tenerla por aquí de nuevo.

- Pues si Javier, estoy en busca de un libro de Ernest Hemingway. Espera, lo llevo anotado por aquí, - dijo mientras revolvía en su bolso.

- Tenemos las últimas novelas de Hemingway, - dijo Javier mirando a Estela, quién ya miraba hacia el anaquel donde se encontraban las novelas de Hemingway, que también era uno de sus escritores favoritos.

- Aquí está, - dijo la Sra. Morales levantando triunfante el papel donde estaba anotado el nombre del libro que quería comprar. Es El viejo y el mar, con la que Hemingway ha ganado el Pulitzer hace poco.

- Veo que está informada. Así es,- dijo Javier sorprendido. La tengo, espere que la busco. Y mirando a Estela le indicó en que anaquel estaba.

Estela comenzó a buscarla pero no la veía y se estaba poniendo nerviosa. Javier al verla trató de ayudarla y terminaron los dos cogiendo la misma novela, con el consiguiente roce de manos. Se miraron y Javier sonrió, lo que hizo que Estela bajara la vista y se ruborizara. Estaba viendo que la mirada y la sonrisa de Javier tenían ese efecto en ella y le alarmaba esa situación.

- Aquí está Sra. Morales, - dijo Javier mientras dirigía su mirada a Estela que había quedado ordenando los libros de los anaqueles.

- Qué bien!!, - exclamó la Sra. Morales. Cuánto me alegra. Se la quiero regalar a mi sobrino.

Javier envolvió el libro y la Sra. Morales se despidió con un gracias y hasta otro día.

El resto de la mañana transcurrió sin sobresaltos para Estela y hasta hizo su primera venta por lo que estaba muy contenta. Pero algo le preocupaba, veía que la cercanía con Javier la turbaba y se decía que debía tranquilizarse porque tenía que trabajar con él y eso no era normal.

Continuará…