6 jun. 2010

SIMPLEMENTE...OTRA VIDA (VI)



Bien, biiieeennn….siii…lo he conseguido, pensaba Estela mientras dirigía sus pasos hacia la casa de la Sra. González. Había prometido tenerla informada del resultado de las entrevistas y quería agradecerle todo lo que había hecho por ella.

Luego de conversar con la Sra. González y aceptarle un café con pastas, se dirigió hacia la pensión, quería darse una ducha y cambiarse de ropa para ir por la tarde a la Notaría nuevamente.

Para ser su primer día de trabajo quería ir bien arreglada, así que se esmeró al elegir un traje de chaqueta y falda beige que le había regalado su tía Berta. Ella siempre decía que para causar una buena impresión hay que ir arreglado, no ostentoso pero si limpio aunque no se vaya a la moda.

Su tía Berta era muy coqueta, y aún conservaba parte de su belleza de juventud a pesar de sus sesenta años y de la tristeza en la que la había sumido su viudez reciente. Antes de que Estela viajara había aparecido en su casa con un montón de ropa y entre ella esos dos trajes de lino, el azul que se había puesto por la mañana y el beige que luciría por la tarde.

Se miró en el pequeño espejo del baño después de vestirse, no se veía lo suficiente pero se vio bien y con una sonrisa pintada en su cara salió a la calle.

Le abrió la puerta de la Notaría esta vez, Don Manuel, que la saludó con la mano aunque había hecho el intento de darle dos besos antes que Estela le extendiera su mano. A Estela le parecía que era mejor así y más formal el saludo.

Don Manuel le indicó que se sentara en el escritorio que esa mañana había visto vacío y lleno de carpetas que le explicaría lo que debía hacer antes de que llegara Gloria.

Cuando llegó Gloria, media hora después, Estela ya tenía el trabajo de uno de los expedientes finalizado y comenzaba por otro de los expedientes, sus dedos volaban en la máquina de escribir, hecho éste que sorprendió y maravilló a Gloria.

A las tres horas ya habían terminado entre las dos buena parte del trabajo atrasado, así que Don Manuel le dijo a Estela que si quería podía irse, ya terminaría Gloria el trabajo restante al día siguiente.

Al rato la llamó al despacho para pagarle las horas trabajadas, dándole un sobre con la paga acordada y le preguntó sonriéndole, si le apetecía tomar un café con él, ya que iba a salir por uno en ese momento.

A Estela le apetecía un café a esa hora pero no le parecía bien salir con su jefe, siendo que era su primer día de trabajo y apenas le conocía, es más, tenía como norma no fraternizar con sus jefes, por lo menos al principio.

Don Manuel aceptó su negativa y con una sonrisa se despidió de ella y de Gloria, diciéndoles que regresaría más tarde, pensando que en otra ocasión lograría que Estela aceptara su invitación.

Estela salió de la Notaría poco después que Don Manuel y se dirigía a la pensión, pero antes quería pasar por la Librería de Don Miguel, suponía por la hora que era, que ya estaría cerrada, y así fue o casi, porque se encontró de frente con Javier que en esos momentos cerraba la puerta. No sabía si decirle que ella era la futura ayudante, pero él se le adelantó.

- Hola Estela, ¿qué tal?, mi nombre es Javier y soy el otro dueño de la Librería, que por cierto se llama Don Miguel e hijo. Ese soy yo.

- Hola, - dijo Estela sorprendida y ruborizada. Pensaba venir mañana más temprano pero como estaba de paso, me adelanté, pero veo que ya te vas, así que vendré mañana a las 8 y media como había quedado con tu padre.

- Si, genial,- afirmó Javier. Es lo mejor, porque ya he cerrado y además mañana podré explicarte mejor la operativa de la Librería que supongo que te debe haber contado algo hoy mi padre.

- Si, lo hizo,- dijo Estela. No hay problema Javier, nos vemos mañana por la mañana. Y despidiéndose siguió hacia la pensión.

Javier quedó mirándola mientras se marchaba, pensando que le iba a gustar trabajar con esa muchacha tan guapa.

Continuará…