17 jun. 2010

SIMPLEMENTE...OTRA VIDA (IX)



Estela estaba ordenando unos libros cuando Javier le dijo que cerraban hasta las 5 de la tarde para almorzar. Por la tarde, generalmente, venía su padre, aunque esa tarde no iría así que él se quedaría. Estela le preguntó si quería que se quedara, que no tenía inconveniente en hacerlo y Javier le contestó que podía irse a almorzar y descansar. Pero ella decidió quedarse, así que compartieron el almuerzo que él había llevado y conversaron animadamente sobre la librería, los libros que leían, los escritores que más le gustaban y vieron que coincidían en muchos de ellos, tenían casi los mismos gustos en cuanto a lectura.

Eran las 5 de la tarde y Javier abrió nuevamente la librería. Mientras aguardaban a algún cliente ávido de buena lectura, siguieron conversando y sonriendo.

Él estaba encantado con Estela, se sentía muy a gusto con ella. Hacía tiempo que no conocía  a ninguna muchacha con la que se sintiera así, y eso que recién la conocía. Su vida, últimamente, era de casa al trabajo y del trabajo a casa. Cierto que tenía amigos con los cuales a veces salía a tomar un café o alguna cerveza y conversar, pero de mujeres ni hablar desde que se había divorciado hacía tres años. Había tenido alguna que otra amistad, pero nada serio. Y echaba de menos una buena conversación y unos ojos que lo miraran como lo hacía Estela, con interés. Se preguntaba porque se sentía así, y si no se estaría engañando, pero era verdad, veía que Estela le miraba con atención y eso le gustaba. Pensaba que no debía apresurarse a nada, aunque quería contar con Estela como amiga, porque ella le parecía una mujer agradable y muy guapa. Seremos amigos, claro que sí, pensaba, eso lo conseguiré con el tiempo, se decía, o quizás algo más....no sueñes, Javier....mejor no soñar con nada más, porque si no lo consigues te frustras, pero.. y si podemos ser algo más?...Me gustaría...claro que si, soñaba y sonreía, mientras miraba como Estela seguía ordenando los libros.

De repente se abrió la puerta de la Librería y el primer cliente que entró en esa tarde, fue Don Manuel López Herrera, el notario, que saludó a Javier y se dirigió a Estela para decirle que la necesitaba al día siguiente por la tarde en la Notaría y aclaró que no se preocupara por el horario, que le venía bien después que saliera de la Librería.

Estela le contestó que sí, que allí estaría. Javier observó como Don Manuel miraba con mucho interés a Estela y se iba diciendo hasta mañana.

Pero y este desfachatado qué hace? pensó Javier. Qué se piensa qué es? No puede entrar así tan fresco y decirle como si nada a Estela…a mi Estela, que la necesita mañana….. Por dios, Javier, qué te pasa?, por qué te sulfuras de esta manera?.

Continuará…