29 jun. 2010

CONFESIONES POR EL SUELO...


Dicen que lo que se hereda no se roba, y de tantas cosas que heredé de mis padres, una de ellas es la de caerme y eso viene por el lado femenino de la familia. No en vano mi padre decía que las mujeres de la familia vivíamos por el suelo, porque tanto mi madre, mi tía y yo, siempre estábamos cayéndonos. Lo que se dice como una marca de fábrica que nos define.

Mi primer recuerdo es de cuando tenía dos años casi, y por supuesto, para no variar, estaba en el suelo, me acababa de caer porque iba corriendo por el camino del jardín de la casa de mi tía y zas!!!, me tropecé, me caí, dí con la cabeza contra el portón del jardín, con el resultado de mucha sangre, dos puntos de sutura y una marca de menos de un centímetro en mi frente que oculto detrás del flequillo.

Mis rodillas tienen muchos recuerdos de esa época de resbalones y caídas y mi padre era el enfermero oficial, siempre curándome las heridas con alcohol y mercurio cromo, qué dolor!!!, no sé si dolía más el raspón o el ardor que provocaba tanto potingue y para peor, conmigo se cumple al pie de la letra que uno siempre se golpea otra vez donde ya tiene una herida, nunca acababa de curarme cuando ya me había caído otra vez, me golpeaba en el mismo sitio herido con anterioridad y me arrancaba la cascarita casi recién formada y otra vez a empezar todo el proceso.

Hasta tengo en mi haber una aparatosa caída por una escalera cuando contaba con 8 años en la casa de una amiga, dando vueltas y triples saltos mortales…jeje. Mis volteretas terminaron cuando mi cabeza chocó contra una maceta en el rellano de la escalera, ….así he quedado.

La cosa con los años no ha cambiado, ahora tropiezo dos por tres o me choco contra algo, marcos de puerta, bordes de mesa, no calculo bien y algo siempre se me cruza en el camino, nada grave por suerte. Tengo asumido hace mucho que soy así de atolondrada y me lo tomo con humor. Cuando tropiezo contra algo, siempre miro hacia atrás y digo, no empujen, cheee, cosa que provoca la risa general de quienes me escuchan.

Mis últimas caídas han sido, una hace dos años, bastante aparatosa por cierto y en la calle, un señor que pasaba por el lugar de los hechos, temió por mi integridad física y me ayudó a levantarme. No me rompí el pantalón por un milagro, pero si me hice un raspón en la rodilla derecha y otro en la mano izquierda que tuve que apoyar para no matarme contra el suelo y como confesaba ayer, la última ha sido el año pasado en la puerta de mi casa, llevaba varios paquetes en la mano, resbalé y caí sentada, una caída que no se la deseo a nadie, porque cuando te sientas la recuerdas por bastante tiempo aunque no haya quedado morado.

Este año voy invicta en mi relación de amor-odio con el suelo, pero no canto victoria….mi condición de atolondrada no la pierdo con nada.

Espero terminar el año sin ninguna caída..….ya les contaré...jeje.