14 may. 2010

TENDREMOS QUE ESPERAR...

Joaquín estaba deprimido, pero no era consciente de ello. Poco a poco comenzó a darse cuenta, porque dormía más, comía apenas, y cuando lo hacía sentía acidez, no se concentraba en el trabajo, lo único que quería era leer y releer las cartas que le había enviado su querida Alicia, la mujer por la que suspiraba desde hacía meses, pero que un día le había abandonado.

Desde ese momento solo quería recordarla y ahogar su pena en el alcohol. No quería hablar con nadie, aislarse y pensar en Alicia era lo único que hacía, pensaba en su pelo castaño, en sus ojos marrones, en su sonrisa y en su voz cuando le susurraba: Joaquín eres un campeón.

Pero esa frase se había convertido en: Joaquín eres un perdedor y muchas cosas más que no quería recordar. Por qué había cambiado tanto??, por qué había dejado de amarle??? alguna vez me habrá amado??? Se preguntaba una y otra vez.

No valía la pena averiguarlo se decía después, pero esas preguntas le daban vueltas en la cabeza en las largas noches de insomnio con los ojos como platos, ¿¿algún día tendrán respuesta??, qué sé yo!!!. Ya he perdido toda la esperanza, decía al levantarse después de otra noche sin dormir.

Y así día tras día, hora tras hora, todo en su vida era de color gris, a veces negro azabache, hasta sus pensamientos. Ya no veía los colores por ningún lado, pero tampoco tenía prisa por encontrarlos, entre lamento y lamento transcurría su vida.


Un buen día, luego de meses en que su rutina era monocromática y no cambiaba, al salir del trabajo se dirigió a la cafetería de siempre por un carajillo y se sorprendió, porque allí sentada frente a él se encontraba una linda muchacha vestida de color azul. La miró otra vez y se sonrió porque distinguió el color de su vestido, lo blanco de su tez y el marrón de sus ojos.

Ella le devolvió la sonrisa.

Algo comenzaba a cambiar en su vida….los colores habían regresado.

Salió de la cafetería y miró el cielo…lo vio sin nubes, azul…. aunque estuviera lloviendo.