19 may. 2010

SIMPLEMENTE...OTRA VIDA (II)



Iba caminando lentamente por la calle, mirando los escaparates de las tiendas, asombrándose de los bonitos vestidos que se exhibían y recordaba el pueblo donde había nacido, había estudiado y había conocido el amor, pero también los primeros sinsabores de la vida.

Estela pensaba en todo lo que había dejado allí, sus amigos, su trabajo como costurera primero, luego como dependienta en la única librería que tenía el pueblo, donde había conocido a Luis, su Luis, o debía decir su ex Luis…. Mejor no pensar en él, pero su mente se empecinaba en regresar a aquellos años, no solo los que fueron felices sino también al momento que descubrió el engaño.

Su amiga Rosa, siempre le había dicho que él la engañaba, pero ella no le creía, no quería creerle, hasta que lo vio con sus propios ojos, besando a Laura, otra de sus amigas, vaya amiga. En ese momento sintió que se le partía el corazón, no entendía cómo después de tanto tiempo de noviazgo y de escucharle decir a Luis mil y una vez que ella era la mujer de su vida, le podía hacer eso, ¿por qué?, se preguntaba, qué lo había llevado a eso?. Al principio pensó que Laura, que al fin y al cabo se le veía que perdía la cabeza por Luis, lo habría provocado, pero después pensó que aunque ella fuera culpable de esa situación, él también lo era por haber sucumbido a la provocación de ella, y no haber medido la consecuencia de sus actos.

Toda esa situación, la falta de un buen trabajo y una madre absorbente a la que quería pero con la que no podía convivir la habían decidido a hacer la maleta y viajar a la ciudad.

Primero contactó con su tía Berta, que había vivido durante más de 20 años en la ciudad y había regresado al pueblo después de enviudar. Le contó de su decisión, de sus ganas de cambios.

Su tía la apoyó y le prometió hablar con algunos amigos que conservaba en la ciudad. Fue así que le dio el nombre de la Sra. González a quien volvería a ver al día siguiente. Esperaba que tuviera buenas noticias para ella. Tenía algunos ahorros con los que había viajado, pero no tenía dudas, necesitaba un trabajo, no quería volver a la casa de su madre como había hecho su hermana.

Su hermana Silvia, la consentida de la casa. No había querido estudiar a pesar de que su madre se había empeñado en que lo hiciera. Muy a su pesar había comenzado una carrera en la Universidad, pero la había dejado cuando conoció a Gerardo. La conquistó, o mejor dicho que él fue conquistado, porque tal fue el capricho que le entró a Silvia por él, que a los dos días de conocerlo ya lo había presentado en la casa como su novio.

Cuando su hermana Silvia se casó, su madre quiso tirar la casa por la ventana, como bien se dice, organizó una boda por todo lo alto, hasta vendió tierras para pagar todo aquel bodorrio, y que pasó, su hermana ni siquiera se lo agradeció y se divorció cuatro meses después, porque decía que ya no estaba enamorada y qué hizo su madre?, la acogió con todos los honores en su casa, otra vez, pobrecilla decía, está confundida.

En fin, dijo casi en voz alta, no me queda otra que luchar, estoy acostumbrada a hacerlo y lo haré como siempre.

Ya había llegado a la pensión después de cenar frugalmente un bocadillo y un café con leche en el bar de la esquina.

Mañana será otro día, eso espero, se decía.

Continuará…