11 abr. 2010

TE PARECE QUE SI?...(XIX)




Luego de pasear por el Paseo Marítimo durante un buen rato, Marisa regresó a su casa. Como hacía siempre que quería pensar, cogió una tableta de chocolate y se sentó en la tumbona de la terraza.

Una idea le daba vueltas desde hacía rato, ¿qué pasaría si le escribo a la tal Clara? Mi correo será para aplacar los ánimos y que vea que no soy su enemiga, que no soy competencia, además de paso averiguaré que fue lo que tuvo con Juan, no es que dude de él, pero me gustaría confirmarlo con ella.

Encendió el ordenador y a través de una de las notas del MSN, se enteró de cuál era la dirección de correo electrónico de Clara y escribió:

Hola Clara, soy Marisa. Desde hace unos días me has dejado algunas notas y no entiendo muy bien el por qué de las mismas. Si quieres podemos aclarar esta situación civilizadamente como dos mujeres adultas que somos. No quiero tener problemas con nadie y menos con alguien a quien no conozco. Espero tu respuesta. Un saludo de Marisa


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Clara estaba intentando que sus hijos dejaran la Play y salieran a jugar al jardín porque quería ordenar la sala de su casa, pero no había manera, Miguel y José Luis le pedían dos segundos más a su madre, dos segundos que se convertían en minutos y en horas.

Yo no sé qué hacer con estos niños, pensaba. En realidad son buenos niños y hoy es sábado así que los dejaré jugar un rato más, mientras tanto revisaré el correo electrónico a ver si Carmen me ha enviado esa receta del bizcocho que me prometió.

Pero en lugar de la receta de Carmen se encontró con un correo de MA y con mucha curiosidad lo abrió. Era de Marisa. Joliiiineeesss, exclamó, es de la tía esa, amiga de Juan. Lo leyó y decidió contestarle:

Hola Marisa, te pido disculpas por las notas. Las escribí en un momento en que me dejé llevar por las emociones. Es verdad que somos adultas y sé reconocer que he estado mal. Tampoco quiero problemas y menos con una persona que no conozco, aunque esto se podría arreglar, podemos quedar para un café cuando y donde quieras. Espero tu respuesta. Un saludo. Clara.


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Marisa se había sentado nuevamente en la terraza después de leer la contestación de Clara y pensaba que hacer, mientras miraba el Mediterráneo. Ella le proponía encontrarse, pues si, no es mala idea y además yo también lo había pensado.

Así que le escribió:

Hola Clara, estoy de acuerdo contigo, no sé si te viene bien, pero quizás podemos tomar el café esta tarde. ¿Qué te parece? Si te viene bien quedar hoy, elige tú el lugar que yo estaré encantada de conocerte. Un abrazo. Marisa.


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Clara no se despegaba del ordenador y se sintió aliviada cuando recibió la respuesta de Marisa. Confirmaba que ella no estaba enfadada por las notas y además aceptaba reunirse para aclarar todo esa tarde.

Hola Marisa, me parece estupendo quedar esta tarde. ¿Puede ser a las 5 en la Cafetería de la Plaza Pérez Galdós? Iré vestida con un traje de pantalón y americana azul, así me reconoces. Un saludo, nos vemos. Clara.


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Marisa leyó el último correo de Clara y contestó con un escueto:

Ok, nos vemos allí a esa hora. Un saludo. Marisa.


Continuará….