22 abr. 2010

OTOÑO EN EL CORAZÓN (V)


Mariana iba detrás de José, en su coche y ya iban llegando al piso donde él vivía, cuando de repente y sin avisar, él se detuvo unas calles antes de llegar, así que ella frenó detrás. Se bajó para saber si le pasaba algo y él hizo lo mismo. La abrazó fuertemente y la besó con calidez en los labios. Mariana se sorprendió y le preguntó ¿qué ha pasado?, ¿por qué te has detenido? José le contestó, tenía ganas de besarte, ¿espero que tú también?, y ya veo que sí, rió.

Siguieron rumbo al piso con la sonrisa dibujada en sus caras, cada uno en sus coches, pero deseando estar juntos para poder hablar y compartir ese momento.

Al traspasar la puerta del edificio, él le acarició tiernamente la cara y la abrazó otra vez. Se le notaba que estaba muy contento de verla, por fin la tenía otra vez en sus brazos. Siempre pensaba que el conocerla había sido como un milagro. Al principio habían sido encuentros para conversar, tomar un café y compartir opiniones de la vida diaria. Poco después, comenzó el acercamiento, un buen día al despedirse después de una charla muy agradable, él sintió el deseo de besarla y así lo hizo, sin cortarse, ella le devolvió el beso, sorprendida y encantada. Desde ese momento sus encuentros tenían charla y contacto. Cuando se besaban, algo muy especial sentían, era cariño, con una mezcla de deseo, ternura y pasión.

Subieron al ascensor y se abrazaron. Mariana le dijo, tenía muchas ganas de verte José, de veras. El lunes pasado la reunión duró 5 minutos, si hubiera sabido eso, te hubiera pedido que me esperaras y así nos veíamos.

- He estado pensando en ti desde el domingo, le contestó él.

- Y eso? ¿Por qué? le dijo Mariana.

- No lo sé, quizás me sentía un poco solo. Tú sabes cómo pienso. Pero a veces siento que me gustaría estar con alguien, compartir mis momentos. Este fin de semana me hubiera quedado solo y hubiera encontrado cosas para hacer, sin duda. Me hubiera ido a la montaña, o a la playa que aún hace buen tiempo con mi grupo de amigos. Pero esos momentos también los puedo compartir con alguien más cercano, aunque tampoco quiero estar con alguien por necesidad, para llenar un hueco, sino porque realmente quiero estar con esa persona, porque siento algo, porque me gusta su compañía. Y cada vez que esos pensamientos rondan mi cabeza, no sé porqué, pero pienso en ti. Será porque me siento muy bien a tu lado?. Tengo otras amigas con las que a veces salgo y tú lo sabes, pero es contigo con quien tengo más confianza, con quien me siento más a gusto, me tranquiliza mirarte, conversar contigo, compartir opiniones. Y a pesar de no vernos muy seguido, siempre estás ahí, te siento muy cercana a mí. Me siento muy a gusto contigo en todos los aspectos. Ella le contestó con un beso cálido en los labios.

Al entrar al piso, José la abrazó por detrás, le dio un beso en el cuello y la hizo girar para besarla en los labios y así siguieron besándose. Fue un beso intenso, que duró unos minutos, a ella le pareció que había durado una eternidad y quería seguir así entre sus brazos. ¡Qué bien se sentía pegadita a él!.

Se separaron un instante y Mariana avanzó hacía el salón. El ventanal estaba abierto y veía la ciudad toda iluminada. José vivía en una séptima planta en un edificio moderno en el centro de la ciudad y desde allí se divisaban las montañas. Ella había estado allí algunas veces y le encantaban esas vistas, esa noche había luna llena e iluminaba un cielo oscuro y estrellado, era una noche ideal, aunque esas vistas no se comparaban con las que ella tenía en su casa desde donde divisaba la mar.

Mientras Mariana miraba por el ventanal, José aprovechó para poner música, otro de sus pasatiempos, como los llamaba él, la música era una de las cosas que más le gustaban.

Se quedó parada allí viendo las luces de la ciudad y él se le acercó le cogió de la mano, le dio un beso en la mejilla y le dijo, tengo ganas de bailar, me haces el honor?, y la abrazó para comenzar bailar. Ella rió encantada. Otra de las cosas que le gustaban era bailar y más en tan buena compañía.




Mientras escuchaban a Phil Collins y bailaban, él la acariciaba dulcemente. Siguieron abrazados unos instantes al terminar la canción y él le dijo, te deseo, te deseo muchísimo. Y casi sin pensarlo y besándola comenzó a empujarla tiernamente hacia la puerta del dormitorio. Ella se dejó guiar por él.

- Te tengo ahora donde quería tenerte preciosa, le dijo.

- Y yo estoy donde quería estar….. entre tus brazos, guapo, solo entre tus brazos, le contestó ella.

La acercó hacia así y la abrazo fuertemente, ella apenas podía respirar, se ahogaba entre sus brazos, sentía todo su calor y su deseo. Se miraron entre beso y beso, siempre lo hacían y esas miradas escondían pasiones reprimidas que querían liberarse del todo, muchos sentimientos ocultos que no se animaban a decir, porque antes de hablar preferían besarse. Ya habría tiempo para decirse todo lo que querían, ahora dejaban que sus labios y sus manos expresaran esos sentimientos. Sentimientos a flor de piel, caricias, besos, mucha pasión. Sus manos se buscaban, se unían, sus cuerpos se atraían como imanes, se separaban por segundos, pero otra vez se abrazaban magnéticamente.

Mariana lo miró fijamente, excitada por los besos y caricias de él, aturdida por el silencio que solo era roto por la respiración de ambos y por los latidos de sus corazones, esos corazones que tenían tantas cosas que decirse pero que dudaban a la hora de entregarse completamente, pero que en realidad querían una nueva oportunidad para amar, para sentir, para latir al unísono.

Él con sus caricias le fue quitando lentamente la ropa y ella a su vez fue denudándole a él, aunque lo que más quería era desnudarle el alma para penetrar poquito a poco en ella, para llegar a lo más profundo de sus sentimientos y de sus pensamientos, porque al final comprendió lo que sentía por él en toda la inmensidad de sus sentimientos.

José la miró otra vez, la vio tan guapa, tan mujer, tan tierna, que se le escaparon dos palabras en un suave susurro, dos palabras que salieron de su corazón y que se le atragantaron en su boca, pero al final logró articular, acariciándola dulcemente, se las dijo lentamente, y al fin Mariana entendió lo que él le decía, rompiendo el silencio con esas dos palabras que él le repitió para que se disiparan todas las dudas: “Te amo”, le dijo.

Ella se deja llevar por la emoción, por la pasión, por todos esos sentimientos que guardaba celosamente bajo cuatro llaves en su corazón y logró decirle: “Yo también te amo” y lo abrazó con el corazón y con el alma.

Desde ese momento todo fueron caricias, besos, entrega y pasión, dejando que solo hablaran sus corazones y todo el deseo que encerraban, dejando paso a que los suspiros fueran nuevamente los protagonistas de la situación.

Ya exhaustos y abrazados no se hablaban, solo se miraban tiernamente.

Al final Mariana le besó en los labios y en un susurro le dijo,

- El otoño se ha marchado ya y el calor del verano abriga nuestros corazones otra vez. Espero que siga allí y no se marche nunca.

Y José le contestó abrazándola, claro que si guapa, claro que si, así será.

FIN.