21 abr. 2010

OTOÑO EN EL CORAZÓN (IV)


Después de hablar con José, su cabeza no dejaba de pensar. No puede ser, no puede ser y no puede ser, se decía, ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué? Qué repetida estoy, pero no lo puedo creer, después de tanto tiempo que no nos vemos, me llama y yoooo qué hago??? nada, me quedo como una tonta, como una pasmarota, diciéndole que no puedo verlo porque tengo una reunión. Joooerr…Mariana… al diablo con la reunión y el cliente, si yo lo que quería era verlo. Maldita responsabilidad la mía, te odio responsabilidad y que lo sepas, te ha quedado claro, verdad?. Fin de la transmisión.

Se abrió la puerta de su despacho y una cabeza asomó por el resquicio.

- Buenas tardes, dijo Mariana. Pase por favor y tome asiento Guillén.

- Buenas, aquí estamos, dijo el hombre tímidamente mientras se sentaba. Te aviso que no he podido traer los documentos que me has pedido, los tienen en la asesoría y no me los han dado hoy. Me han dicho que me los darán mañana, así que te los enviaré por fax en cuanto los reciba, sin falta.

La cara de Mariana se transformó y pensó: ¿para qué vino hasta aquí, entonces?, Podría haberme avisado que no tenía la documentación cuando me llamó por teléfono. Jooo….. ¿Para qué me he quedado aquí?. Para escucharle decir que me envía la documentación por fax mañana, madre de dios. Y además el proyecto no puede continuar sin esa documentación. ¡Jolines al cuadrado, cómo es la gente!. En fin, … no pasa nada, tranquila, ooooohhhmmm.

Trató de componer una semisonrisa y le dijo:

- Guillén, como Ud, comprenderá sin esa documentación no podemos seguir avanzando, la necesitamos para continuar, así que no se olvide por favor de enviármela a primera hora de la mañana.

- Si, si, no se preocupe, contestó Guillén y se levantó. La saludó con un hasta mañana y salió por la puerta del despacho rápidamente.

¿Y ahora qué guapa?, pensó, como diría mi madre, vestida y sin visita. Si es que podría haber salido antes sabiendo que esta reunión iba a durar un suspiro,…. no más de 5 minutos han sido y ¿para esto me he quedado? se decía. Ya no hay vuelta atrás, José debe estar bastante lejos y no le voy a llamar para hacerle regresar. Por lo visto seguiremos sin vernos por un tiempito más. Tengo ganas de verle, vaya que si, pero ¿cómo hacerlo si no nos podemos ver porque no coincidimos?. Bueno, no pasa nada, bonica, se animaba, tienes otras cosas que hacer, por lo pronto arregla los papeles que tienes sobre el escritorio que sino dentro de poco no podrás encontrar nada. Organízate y ya que estamos, un poco de música y me pongo a cantar mientras ordeno. A veces pienso que no se conforma quien no quiere.

La canción de Amaral, Como hablar, sonaba en Cadena 100. Esto no puede ser, ¿porqué la música me dice lo que estoy pensando?. Comenzó a cantarla, pero agradeció que terminara pronto y pasaran a una canción en inglés, así podía organizar sus pensamientos y seguir ordenando los documentos que tenía encima de su escritorio, Hablaba inglés medianamente bien, pero a pesar de saberlo, le costaba entender cuando cantaban, si es que tengo sordera musical idiomática decía a veces, lo peor es que con las canciones en español me pasa lo mismo, ¡qué desastre!, porque a algunos cantautores españoles tampoco les entendía bien, recordaba que cambiaba las letras de las canciones de Shakira, parece que tengo una patata en cada una de las orejas, pensaba y reía.

Llegaron las 7 y cogió su bolso, ya había terminado la jornada laboral, me voy a casa, por fin, pensaba. Como siempre hacía, miró en el móvil si tenía algún mensaje o llamada perdida que no hubiera escuchado. Los tiempos modernos decía, todo el mundo pendiente del móvil y cuando lo olvidamos o perdemos es una catástrofe nacional. Tenía un mensaje nuevo que decía: “Me hubiera gustado verte. Otra vez será. ¿Un café con trufas?. Un besillo”.

Sonrió, y volvió a leer el mensaje de José, ¡qué gracioso es!. Ese mensaje le daba la pauta que él tenía muchas, pero muchas ganas de verla, sobre todo por el detalle de las trufas. Otra vez será José, pensó y espero que sea pronto. Cuando llegue a casa le contestaré.

Llegó a su casa, se duchó y encendió la TV, pasaban CSI esa noche y quería verlo mientras cenaba su plato favorito, me lo merezco por haber tenido un día agitado, se dijo. Ver al guapo de Gil Grissom resolver los asesinatos uno tras otro la desconectaba.

La semana transcurrió sin grandes novedades, así que ese fin de semana podría disfrutar de paz y tranquilidad, era lo que deseaba.

El viernes a las 7 de la tarde, cuando salió del despacho se dijo ¡¡qué suerte al fin es viernes!!, este finde descansaré y veré que hago. Subió a su coche y pensó que en lugar de ir por la carretera de la costa iría por la autovía así evitaba los atascos. Cogió la salida de la autovía y encendió la radio, sonaba Seguridad Social con Quiero tener tu presencia.

quiero tener tu presencia
quiero que estés a mi lado
no quiero hablar del futuro
no quiero hablar del pasado

¡Qué razón tenía esa canción!, pensaba. A veces del pasado es mejor no hablar y el futuro no ha llegado, ¿para qué imaginarlo?. Vivimos la vida diciendo haré tal cosa o tal otra mañana, y cuando ese mañana llega, zaaasss!!! no hacemos lo que habíamos planificado. Es mejor vivir el presente, hay que hacer las cosas cuando se deben hacer si es posible, ya lo dice el dicho: “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”, hay que vivir, vivir el presente pensaba mientras seguía tarareando la canción.

La salida en la que tenía que girar para ir a su casa se acercaba, pero estaba tan ensimismada en sus pensamientos y en la canción, que se distrajo y no giró. Se dio cuenta cuando al observar el siguiente cartel decía que la próxima ciudad estaba a 150 km. Uuuppsss, esto es muy fuerte!!!, siempre me pasa lo mismo, que despistada soy. ¿Ahora qué hago?, ¿dónde giro? Aquí no puedo hacer un giro estilo Alonso. Girar en el pueblo siguiente, es una posibilidad, pensaba, pero ¿y si sigo de largo? se preguntaba. Pues venga, sigo, ya lo he decidido, son 150 km nada más, en 1 hora y media más o menos llego y le doy una sorpresa a José.

Era planificada y le asustaba la improvisación, pero a veces le pasaba que se despistaba y tenía que decidir rápidamente. Lo hacía casi sin pensar, impulsivamente, y al final, tenía que reconocerlo que era lo que mejor resultaba.

Al llegar, paró en la gasolinera de la entrada de la ciudad para poder llamarle.

- Hola preciosa, contestó José.

- Hola, ¿cómo estás?. No lo vas a poder creer!, pero estoy a 10 km de tu casa, en la gasolinera.

- ¡Qué bueno!. Has venido antes, no te esperaba hasta mañana, le dijo José

- No vas a creer lo que me ha pasado?, bueno en realidad si te lo creerás, como siempre mi maldito despiste ha hecho su aparición, le dijo divertida.

- ¿Qué te ha pasado?, río José.

- Me he pasado de la salida de la autovía cuando regresaba del trabajo a casa y al final decidí seguir y venir a verte. Llego en nada.

- Vale, que bien, contestó él sonriendo aún más. ¿No te perderás al llegar, verdad?, mira que tienes que girar en la segunda salida a la derecha.

- Si, vale, no me la compliques mucho, que puedo terminar en Bilbao.

- Jajaja, rió José, espera, quédate ahí mejor y voy a buscarte, así no te pierdes, le dijo.

- Vale, si mejor, agradeció Mariana. Porque entre el cansancio que tengo y la hora que es, lo más seguro es que erre otra vez la salida. Te espero aquí. Un beso.

- Un beso, preciosa, no tardo nada.

Mariana vio llegar a José en su coche blanco. Cada vez que se veían y le veía llegar, pensaba en la serie Verano Azul, cuando Pancho iba en su caballo blanco cabalgando por la playa en busca de Bea, ¡qué romántico y qué épocas aquellas!. Y que cursi que estoy, pensaba y se reía, pero al verle siempre se sentía así.

- Por fin nos vemos, ehh!!!, exclamó José en cuanto bajó del coche y la abrazó. Vamos sígueme, debes estar cansada, realmente me has sorprendido, pero es una muy linda sorpresa. ¿Y sabes qué? Mis hijos se han ido de camping y estoy solo en casa. Me iba a poner a hacer la cena, cuando has llamado, ahora la haremos juntos.

- Vale, le contestó ella y le dio un beso.

José se subió a su coche y ella hizo lo mismo pensando ¿cuánto hablaremos por fin esta noche, o no?, ¡quién sabe!.

Continuará…