20 abr. 2010

OTOÑO EN EL CORAZÓN (III)



Sonó el despertador y José instintivamente hizo ademán de apagarlo, pero estaba tan cansado que no le atinó, así que el reloj siguió sonando, cosa que le hizo reaccionar. Vale, vale, sé que me tengo que levantar, ya está, basta con la escandalera le dijo al despertador, que por supuesto no le contestó. Venga, uno, dos y arriba, uno, dos y arriba, repetía. ¿Por qué estaré tan cansado esta mañana, si me he acostado más o menos temprano ayer?. No hay caso, los lunes tienen siempre eso, por más temprano que te acuestes el domingo, el lunes siempre cuesta levantarse.

Dirigió sus pasos hacia el baño, pero uno de sus hijos se le había adelantado. Vale, no pasa nada, tómate tu tiempo le dijo desde la puerta, voy a preparar café, su hijo nada contestó. Espero que salgas rápido le decía mientras se alejaba rumbo a la cocina, si es que este niño siempre me ocupa el baño los lunes por la mañana.

El café ya estaba listo, cuando su hijo salió del baño y con un adiós papá desde la puerta lo dejó con la taza en la mano. Vale, no pasa nada, dijo otra vez, me tomaré dos cafés, si es que los necesito.

Mientras se afeitaba repasaba lo que tenía que hacer esa mañana, esperaba que en el trabajo no le tocara ir demasiado lejos, no tenía ganas de pasarse todo el día conduciendo de acá para allá. También recordó su conversación con la anciana en el parque. Jaja, si es que la sabiduría de los ancianos es sorprendente, espero llegar a su edad con ese conocimiento, eso te lo dan los años vividos, sin duda, pensaba.

El recuerdo de la anciana y su amena charla le ubicaron otra vez en el pensamiento a su amiga, se preguntaba si aún querría verlo, si no la molestaría, porque hacía mucho que no se veían. Mariana en broma le decía a veces, que su próximo encuentro sería para el año 2015, y él reía por la ocurrencia y le contestaba, en realidad antes, seguro que mucho antes guapa. Pero aún no se habían dado las circunstancias de verse, o en realidad si, aunque él no había querido llamarla. Hacía poco que había pasado cerca de donde vivía ella, pero no la había llamado, después se decía, que tonto soy, si tenía ganas de verla, pero también las dudas se instalaban en su cabeza. Algunos días después cuando hablaban se lo comentaba, y siempre recibía la misma respuesta, Mariana le decía, si no me llamas, tú te lo pierdes.

Hacía poco le había dicho que pasaría por su casa a tomar café, pero se le hizo tarde y ni siquiera la llamó. Un poco más tarde, recibió un mensaje de ella que decía, te he esperado con trufas y café, pero como no has venido, te las has perdido guapo, porque me las estoy comiendo todas, jaja. Se tomaba todo con un humor increíble, aunque él sabía también que ella tenía carácter, pero siempre la veía tranquila, paciente, como si nada la molestara. Su tranquilidad lo fascinaba y estando con ella, también se tranquilizaba.

Al llegar al trabajo y mirar la pizarra con las tareas del día, vio que tenía que ir a un pueblo cercano a donde ella vivía, que casualidad se dijo. Pues bien, si termino temprano nos veremos, seguro que sí, espero que ella pueda, porque tiene unos horarios de trabajo tan extensos y algunas veces esa había sido la causa de que no se pudieran ver, si es que trabajas mucho le decía él.

Se subió al coche, eran casi las 9 de la mañana y puso rumbo al pueblo donde debía realizar las reparaciones, esperaba que ese trabajo no le llevara mucho tiempo. Y deseaba que nadie más le llamara, así podía tener un momento libre para ver a su amiga. Llegó al pueblo una hora y media después, contento por haber puesto buen tiempo en la autovía y además porque sabía que si las cosas se daban como él quería pasaría la tarde en buena compañía.

A mediodía observaba con desesperación todo el trabajo que le quedaba por terminar, esto no lo termino ni en tres horas, calculaba.

Eran prácticamente las 4 de la tarde cuando por fin ajustó la última máquina, bien se dijo, ahora la llamaré, tenía muchas ganas de verla.

Su teléfono sonaba, una, dos, tres veces. Mmmm, no me lo coge, ¿qué pasa?, lo intentaré de nuevo. Sigue sonando, una, dos veces. Ya, por fin!!!.

- Hola, contestó Mariana.

- Hola preciosa, ¿cómo estás?. ¿Sabes quién habla?, ¿aún me recuerdas? Jaja.

- Claro que si, ¿cómo estás, José? le responde Mariana con alegría.

Y la sonrisa se instaló en la cara de José al escucharla.

- Estoy cerca de ti, guapa, ¿si quieres nos vemos? ¿a qué hora sales del trabajo?

- Madre mía, es increíble, le contesta ella, hoy no puedo, me es imposible.

- ¿Por qué? ¿qué pasa? preguntó sorprendido José

- Estoy sumamente complicada y no puedo salir temprano hoy, si me hubieras avisado antes, quizás hubiera sido posible, pero me han puesto una reunión dentro de media hora con un cliente y ya viene en camino, me lo acaba de avisar.

- Vaya, que pena, dijo José un poco triste, pero …. ¿a qué hora calculas más o menos que puedes quedar libre? Porque si no demoras mucho en tu reunión, puedo esperarte y nos tomamos un café. Tengo ganas de verte, insistió José.

- No creo que pueda terminar temprano, tengo que ver muchas cosas con este cliente y además me trae documentación que necesito para continuar con el trabajo que le estamos haciendo, le contestó Mariana.

- Vale, no pasa nada, otra vez será, le dijo José un poco triste.

- Un besote grande guapetón, si puedo este fin de semana te aviso y voy por tu ciudad y almorzamos juntos, ¿te parece?. Ya te avisaré si puedo, porque últimamente planifico las cosas, pero luego se me destruye todo el plan y tengo que improvisar.

- Bien, ya quedaremos, dijo José. Avísame si vienes, así te espero. Otro beso para ti.

Bueno, lo había intentado, si es que a veces cuando necesitamos que las estrellas se crucen y ocurra un milagro este no se da por más que lo deseemos fervientemente. Otra vez será, se dijo, seguro que sí, porque tengo muchas ganas de verla y hablar con ella.

Continuará…