19 abr. 2010

OTOÑO EN EL CORAZÓN (II)


Iba con mucha prisa conduciendo su coche por la carretera de la costa. Una curva y otra, ahora el túnel y ya le quedaba poco por llegar. Una buena amiga la había invitado a almorzar y llegaba tarde, como siempre. Al único lugar que llegaba temprano era a trabajar, su responsabilidad no le permitía llegar tarde nunca, siempre era la primera en la mañana y prácticamente la última en irse a la tarde. A veces pensaba que ese era el destino de su vida, ir a lo loco pero aún así llegar tarde, y eso se daba en casi todo, también en el amor, excepto, claro está, en el trabajo y en su carrera.

Le gustaba su trabajo, se sentía apoyada, era ardua la tarea, pero la hacía contenta. Hacía más de cinco años que trabajaba en esa empresa en donde ocupaba un buen puesto. Al principio le había costado coger el ritmo y no porque fuera muy rápido, sino porque era diferente, pero de a poco, se fue adaptando y consiguió también y en poco tiempo que el resto del personal se adaptara a ella y a su forma de trabajar.

Para amenizar el viaje y ordenar su cabeza que siempre iba a mil, encendió la radio. Sonaba una canción que nunca había escuchado, era pegadiza realmente y decía así:

Siento como tu mirada
se ha clavado en toda el alma
y tu voz que me susurra se aloja en mi locura
y me aleja de mis dudas
si me dejas que te quiera
yo te quiero a mi manera me acurruco
en tu sonrisa espere hoy la prisa
que mi corazón ya grita

Atentamente escuchó el estribillo, que se puso a tararear:

Déjate querer,
si no quieres
no quiere el destino
Déjate querer,
si no te tengo
tienes un amigo
Déjate querer,
y sueño contigo
Te llevo en mi piel


Uuuuyyyy, pensó, vaya letra la de ésta canción, parecía que el autor se hubiera basado en su vida para escribirla. Más de un hombre le había dicho lo mismo, déjate querer como decía el coro.

Y se había dejado querer, eso era verdad, pocas veces, eso sí, y había querido también, aunque esas relaciones no siempre habían tenido buenos resultados, pero no se quejaba y con algunos de esos hombres conservaba una linda amistad.

Cada vez que una relación se terminaba, pensaba que era una experiencia más y la había vivido y nadie podía quitarle lo bailado. La vida no es fácil y de vez en cuando la complicamos más aún, porque en el amor y en la vida no siempre se puede bailar con el más guapo. Se sonrió mientras pensaba eso, vaya filosofía tengo, pero en realidad debo pensar en lo que es importante y en las cosas que dependen de mí me va medianamente bien y estoy contenta, feliz y contenta siempre. El trabajo y su carrera profesional eran para ella su vida en ese momento, lo que le daba más satisfacciones y reconocimiento. Ya vendrá alguien que me dé vuelta el coco y me ponga el corazón a mil, pensaba, además no se sentía sola, se sentía muy a gusto con su vida y lo que había logrado y siempre aplicaba la máxima de los sistemas de calidad, la mejora continua, que graciosa soy, se decía, siempre aplicando cosas del trabajo a la vida diaria, si es que no puedo con mi condición, se decía moviendo la cabeza.

Pero su vida no solo giraba en el trabajo, porque si algo tenía claro es que tenía que desconectar para poder rendir y sentirse bien, así que hacía deporte cuando podía y su vida social no era para nada aburrida, porque salía y se divertía. Tenía amigos con quien compartía buenos momentos. Con sus amigas generalmente se iba de tapas, al cine y de vez en cuando alguna copita en algún pub porque le encantaba bailar. También tenía amigos que la invitaban a almorzar, tomar café y con algunos de ellos había tenido una relación más cercana.

De hecho en ese momento tenía un amigo especial, como le gustaba llamarle. Con José compartía buenos momentos de charla y encuentros agradables. Su amigo era un hombre muy interesante, con ideas claras y sonrisa cautivante, moreno y muy guapo. Desde que le conoció le había sorprendido por la forma en que pensaba. Cada vez que se veían él le preguntaba sonriente, que te gusta de mi? Y ella le contestaba casi siempre algo diferente, porque le descubría algo nuevo y atrayente. A veces le decía, me gusta tu sonrisa, otras le contestaba, la expresividad de tus ojos, algún día le había dicho que le gustaba su forma de pensar, otros le decía me gusta como late tu corazón, parece que lo hace al compás de una canción, aunque hoy está un poco frío, así que lo abrigaremos un poco y le daba un beso. Él también le decía, mmmm, me parece a mí que tú también tienes un poco de frío en el tuyo y le devolvía el beso. Le gustaba hablar con él, y esos ratitos de buena charla, se fueron haciendo cada vez más cercanos hasta compartir más que un café. Se sentía muy a gusto con él y sabía que a José le pasaba lo mismo. Lástima que vive algo lejos, cavilaba y nuestros encuentros no puedan tener la continuidad que me gustaría, pero no pasa nada, de todas formas estamos en contacto, para que están los teléfonos e internet, aunque no es lo mismo, pero para que más, cada uno tiene su vida, pensaba y se conformaba.

En eso pensaba cuando se iba acercando a la casa de su amiga, quien la esperaba en la puerta de su casa con cara de esperar mucho, diciéndole en cuanto estacionó: Jolines Mariana!!!. Tía, como siempre llegando tarde, ¡qué se me pasa el arroz!, ya sabes lo que es hacer paella.

Se rió y le dijo: Chiqui, no te enfades, ya estoy aquí y no sabes qué bonita canción he escuchado mientras venía, la busco en youtube y la escuchas, parece que la hayan escrito pensando en mí o este tío que la canta conoce mi vida, jaja, me hizo recordar a ya sabes quién, si es que la música tiene eso, te transporta a otro mundo. Y siguió pensando en José mientras buscaba la canción, ojalá pronto le viera, tenían muchas cosas de que hablar.

Continuará...