18 abr. 2010

OTOÑO EN EL CORAZÓN (I)


Se levantó temprano y preparó café. Le encantaba el aroma a café recién hecho, acompañado de unas tostadas con mermelada, ese sería su desayuno de domingo.

Escuchó atentamente, la casa estaba en silencio, parecía que estaba solo, sus hijos seguramente dormían, los había sentido llegar tarde en la noche.

Miró por la ventana, estaba soleado, aunque nunca se sabe, el tiempo en otoño es cambiante. ¿Qué puedo hacer hoy?, se preguntó, sería una buena idea salir a caminar por el parque. Aún quedan turistas en la ciudad y me divierte verlos pasear de aquí para allá sacando fotos con sus cámaras de última generación, también pasaré por el kiosko a comprar el periódico para leer sentado en el parque.

Son buenos planes para este día, se dijo y le apetecía además comer fuera, en algún bar de tapas, buen pescaíto frito y cerveza.

La última vez que había disfrutado de la misma comida había sido con una de sus “amigas”. Amigas con mayúscula en realidad, pensó, como a él le gustaba llamarlas, porque realmente sentía que lo eran. No tenía muchas amigas, pero las que tenía, eran mujeres seguras, activas, inteligentes, de mente abierta y con ideas claras. Las mujeres que disfrutan de su libertad son las que más me gustan, decía, con un toque de dulzura y por sobre todo cariñosas.

Desde su separación hacía casi dos años, había conocido muchas mujeres, alguna que otra había sido importante, pero ninguna relación duraba más de unos meses. Él siempre decía que aún no estaba preparado para vivir otra vez en pareja, ni tampoco se lo planteaba, se daba tiempo, es más, se sentía bien así, aunque a veces decía sentirse solo. Más de una de sus “amigas” había querido atraparlo, pero él huía, huía de cualquier situación que le complicara la vida. Una de ellas un día le dijo que él siempre hacía mutis por el foro cuando veía que las cosas se ponían serias por alguna de las dos partes, que era algo así como “agárrame si puedes”, cosa que lo hacía reír, porque se le dibujaba la imagen de él corriendo delante de un grupo de féminas persiguiéndolo. Otra de las veces le decía que él tenía el otoño instalado en su corazón, ni mucho frío ni mucho calor, digamos que templado pero con un jersey a mano para abrigarse de vez en cuando. ¡Qué graciosa y qué guapa es Mariana!, pensaba.

Mariana era una mujer con carácter, castaña, de ojos grandes, algo menuda pero de formas armoniosas, era una de sus mejores amigas y disfrutaba muchísimo de su compañía y de la complicidad que existía entre ellos.

Hacía mucho que no se veían, y realmente la echaba de menos, echaba de menos su conversación, tan agradable, tan inteligente, echaba de menos el compartir opiniones delante de un café y de vez en cuando estar juntos. Cuando se encontraban y se miraban, una sensación de electricidad le recorría toda su espalda y sentía una necesidad inmensa de abrazarla y besarla. Ninguna mujer le causaba esa sensación tan fuerte, la última vez que se habían visto, la había levantado al abrazarla como si levantara una pluma. ¿Sería aquello una señal?, él quería creer que no, en realidad se resistía a creer nada, seguir en la línea de su pensamiento, de su soledad y de su libertad para él era importante, pero de vez en cuando dudaba.

Mariana siempre le sorprendía, tenía un buen trabajo y él pensaba porque siendo ella tan guapa y tan inteligente estaba sola aún, porque era una mujer que tenía mucho que dar. Alguna que otra vez, tocaban ese tema y ella le decía como para no dar muchas explicaciones, porque nunca se me cruzó un hombre como tú en mi vida y lo dejaba sin palabras. Eso le hacía pensar que quizás ella sentía algo más que cariño de amiga por él y que consideraba esa relación más que una amistad profunda. También era cierto que cuando estaban juntos, saltaban chispas entre los dos, se compenetraban muy bien, otra de las cosas que lo hacían pensar, si él sentía cariño de amigo y deseo o algo más.

Cuando pasaba cerca de la casa de Mariana, si las tareas le llevaban a su ciudad, pensaba en llamarla y encontrarse, de vez en cuando lo hacía y lo pasaban en grande. Ella se veía feliz, feliz y contenta le decía que estaba siempre y parecía que nada ni nadie destruía su sonrisa. Pero también algunas veces pensaba que sería mejor alejarse un tiempo y seguir su camino, que era mejor tomar distancia, que ella necesitaba a su lado un hombre que estuviera por ella y para ella y no a alguien como él que no le ofrecía otra cosa que una amistad y algunos encuentros esporádicos, aunque ella nunca le pedía nada y siempre le decía que cuando no se sintiera a gusto con esa “amistad” se lo diría. Es verdad, que una vez le dijo que lo quería, pero también le dijo que ella se sentía bien con esa amistad, que solo quería que él lo supiera. Esas palabras lo tranquilizaban porque sabía que era una mujer adulta y sincera, que hablaría con él claramente llegado el momento, pero como le tenía tanto cariño no quería hacerle daño ni tampoco perderla como amiga.

Seguía pensando en ella mientras caminaba con el periódico bajo el brazo y se acercaba al parque. De lejos divisó una banca desocupada, pero mientras dirigía sus pasos hacía allí vio que la banca era ocupada por una anciana que se sentó donde él pensaba hacerlo. De todas formas la banca era grande, así que podría disfrutar de la lectura de su periódico en el otro extremo.

Al sentarse, observó que la anciana le miraba, así que la saludó con una inclinación de cabeza y una sonrisa amable. Ella le saludó a su vez, devolviéndole la sonrisa y diciéndole “lindo día joven, ¿qué tal?”. La expresión le causó gracia, joven le habían dicho, a él que rondaba casi los 45 y se sintió contento. En realidad se consideraba joven y se mantenía en forma haciendo ejercicio de vez en cuando y senderismo cuando podía. Sonrió aún más, veía las intenciones de la anciana de conversar y se dijo porque no, la sabiduría de los ancianos le parecía sorprendente y le encantaba. La anciana fue directa al grano cuando le preguntó en su siguiente frase, ¿Qué hace un hombre joven y guapo tan solo en un día bonito como éste?. Y sus pensamientos otra vez se dirigieron hacia Mariana y se prometió que la llamaría la próxima vez que pasara cerca de su casa para verla porque hace mucho que no nos vemos y quiero conversar con ella.

Continuará...