15 abr. 2010

MENTÍME QUE ME GUSTA!!!...(V)



José María era un reconocido empresario, casado hacía 5 años con Manuela. Tenían dos hijos pequeños, Javier y Carolina, sus dos ojos derechos.

Su vida era estupenda, tenía una bella y buena mujer, que lo quería por sobre todo, dos hijos adorables y un negocio que iba de maravilla a pesar de la crisis que se vivía en el país.

Pero él no se sentía bien, le faltaba emoción en su vida, quería más, y no sabía bien qué, hasta que conoció a Adriana, una bailarina rumana, rubia y con unas curvas de vértigo, que le sorbió el seso y la billetera. La iba a ver al club donde ella trabajaba tantas veces como podía. Y luego la llevaba a su casa, en donde Adriana le volvía loco bailando la danza de los siete velos que él le quitaba uno a uno.

Al regresar a su casa casi de madrugada, le decía a Manuela que se despertaba al verlo llegar, que había salido a cenar con algún empresario que estaba justamente en la ciudad o que se había complicado algún proyecto en el que estaba inmerso desde hacía tiempo y había tenido que quedarse a solucionar los problemas. Siempre tenía la excusa perfecta y sabía que Manuela no sospechaba nada.

Una noche Adriana le hizo una escena de celos, que a él no le gustaban, pero a ella le perdonaba todo. La bailarina quería que él se quedara toda la noche, quería dormir acompañada, y le decía que se lo merecía por todo lo que hacía por él. No pudo decirle que no y se quedó. Ya pensaría en alguna excusa para decirle a su mujer, algo que fuera creíble, como siempre.

Manuela esperaba a su marido despierta. Eran las dos, las tres, las cuatro de la mañana, y él no regresaba a su lado. Al final el sueño la dominó y se durmió, la despertó el canto de los pájaros, miró el reloj de su mesa de noche, ya eran las 7, tanteó en la cama, pero el lugar de José María estaba vacío y se le llenaron los ojos de lágrimas. Había querido ocultar la verdad que ahora se confirmaba con esa ausencia en la cama.

Se levantó, se dio una ducha y preparó el desayuno para sus hijos y para ella. Los despertó, y los aprontó para llevarlos al colegio, como todas las mañanas. Aunque sabía que esa mañana era especial, había abierto los ojos y ya no aceptaría ninguna mentira más.

Cuando regresó a su casa, escribió este correo que envió a la cuenta de su marido en la empresa:

“Hola y adiós…. no es necesario que me des explicaciones….lo sé todo … mi abogado te llamará dentro de poco.

PD: Siempre te he querido y me será difícil olvidarte… pero no me merecía esto… sabes que me gusta la verdad y esperaba que me la dijeras...siempre esperé eso de ti…desde hace mucho tiempo.”