22 abr. 2010

A LOS 42


Hoy el post me lo dedico y disculpen que corte la historia de Otoño, pero es mi cumpleaños y aunque no tengo ganas de festejarlo - cosa rara porque siempre me han gustado los festejos - este año solo me haré este pequeño homenaje.

Cuando llegué a los 40, pasó de todo en mi vida, cosas muy removedoras pero que al final me hicieron aprender a ver la vida tal cual es.

Así que a los “ponchazos” aprendí algunas cosas, entre ellas a no quedarme callada y a decir las cosas como son, lo que pienso y lo que siento, aunque antes también lo hacía, pero lo hacía tímidamente.

Antes buscaba agradar a todo el mundo, pero al final aprendí que era un gasto de energía innecesario, que es mejor mostrarnos tal cual somos, que cada uno es como es, que habrá cosas que nos gusten de los demás y otras que no y a los demás les encantará como somos o no…para gustos los colores, dicen.

Aprendí a esta edad a expresar mis sentimientos, a decir te quiero sin cortarme un pelo, aunque a veces sabía que no iba a ser correspondida, porque la “cuarentena”, en mi caso, vino acompañada de una verborrea y una insolencia educada que antes no tenía.

Aprendí que no se puede forzar determinadas situaciones y es mejor esperar, pero sin desesperar y si eso ocurre, pues como decía mi madre “paciencia y tomar quina, la mejor medicina”.

Aprendí que no hay que perder las oportunidades que se presentan en la vida, hablo de las buenas oportunidades, y hay que tirarse al agua, porque si lo hacemos con cuidado no nos daremos la cabeza contra el trampolín.

Aprendí a la fuerza a aceptar un rechazo pero también a seguir peleando por lo que quiero, porque hasta no romperme la cabeza contra la pared no paro, como siempre.

Aprendí también que lo que vivimos hay que vivirlo, aunque a veces nos traiga sufrimiento y dolor, pero hay que buscarle la vuelta para que la lágrima no salga y que la sonrisa no se nos quede en mueca.

Aprendí que a pesar de los malos ratos, la vida continua, aunque a veces tengamos ganas de tirar la toalla, pero que al levantarnos al día siguiente otra vez nos toca ir al frente, cual soldado en la línea de batalla, siempre dispuestos a intentarlo una vez más.

Aprendí que aunque algunas personas estén lejos, están muy cerca de mí, y que solo basta descolgar el teléfono para sentirme acompañada.

Aprendí a tomarme las cosas con humor, aunque siempre lo había hecho, a reírme mucho más de mi misma y de lo tonta que puedo llegar a ser a veces.

Aprendí a insultarme cuando me lo merezco, porque también soy muy crítica conmigo, pero también aprendí a perdonarme cuando me equivoco y a lamerme las heridas solo lo necesario y no quedarme estancada en la compasión.

A los 42 estoy aprendiendo a priorizar, en realidad a priorizarme, a decirme eres importante por lo menos para una persona, para mí y tienes que cuidarte antes de pensar en cuidar a los demás como antes lo hacías, porque si no te cuidas, nadie lo hará por ti.

Aprendí que puedo vivir sola, pero que anhelo la compañía de unos brazos que me rodeen y me abracen con cariño.

Aprendí que el amor y la pasión tienen fecha de caducidad aunque me gusta pensar y engañarme a veces que puede durar toda la vida, pero no, el amor dura lo que dura, porque no es eterno.

A esta edad, aprendí a estar más tranquila, a tener un poco más de paciencia, a saber que las cosas llegan cuando tienen que llegar, que si se busca se puede encontrar, pero que si no se busca, también se encuentra.

Aprendí que si uno no arriesga no gana, que no siempre se consigue lo que uno quiere, pero también hay que seguir luchando, porque la vida no es fácil, no es un paseo en línea recta y que hay que ir a una velocidad adecuada disfrutando del camino.

A mis 42 me di cuenta que sola no puedo con todo, que no soy una super woman, que todo no lo sé y que no siempre tengo la razón.

A mis 42 digo que soy un bichillo malo, aunque una amiga me dice que soy una persona buena, en realidad aprendí que no somos tan malos como nos creemos ni tampoco tan buenos, todo depende de las circunstancias.

Aprendí a no tomarme las cosas catastróficas que me pasan a la tremenda, ni liarme por cosas que no valen la pena, a ser más resolutiva y a no darle miles de vueltas a las cosas y a no hablar y hablar porque cansa, ni buscarle la quinta pata al gato, porque no la tiene ..…y a relativizar, porque eso he aprendido, y cuando ya no me es posible relativizar las situaciones y me agobian mucho, hago borrón y cuenta nueva…..para poder ver la luz al final del túnel y saber que me estoy acercando cada día más a ella.

Aprendí a apreciar las pequeñas cosas que me regala la vida y a estar agradecida y a no dejar que nada ni nadie me borre la sonrisa de la cara.

Aprendí que aún me quedan muchas cosas por aprender y que muchas veces sé que no sé nada y por sobre todo aprendí que debo seguir luchando para estar siempre feliz y contenta.

Feliz cumple!!!!