26 abr. 2010

ATADO A UN SENTIMIENTO (II)


Julio no podía concentrarse en su trabajo, y lo único que deseaba era regresar a su casa y hablar con Silvia, pero a la vez tenía miedo, miedo de que ella siguiera pensando igual, que quisiera separarse, él no quería perderla, estaba dispuesto a todo por recuperar a la mujer que amaba.

Sonó su teléfono. Era Silvia y su cara se iluminó con una sonrisa cuando le contestó:

- Hola mi amor, ¿cómo estás?

- Hola Julio, ¿qué tal? escuchó decir a Silvia con voz apagada.

- Bien, ahora muy bien, ¡qué gusto escuchar tu voz! contestó Julio muy contento.

- Aaahh!, vale, dijo Silvia sorprendida por tanta efusividad. Te he llamado para decirte que me voy unos días a Córdoba con una amiga para descansar, ¿cuándo regresas?.

Julio escuchó a Silvia y se derrumbó. Él esperaba hablar con ella en cuanto regresara, pero si ella se iba de viaje, la conversación se dilataba. Pensaba que Silvia no quería hablar con él, ese viaje apresurado a otra ciudad le parecía más una huída que un viaje de placer. No quiso insistir ni tampoco discutir, ya hablarían cuando estuvieran juntos otra vez, así que le contestó:

- Regreso pasado mañana, pero no te preocupes, disfruta de tu viaje. Te llamaré cuando llegue a casa.

- Bien. Supongo que me quedaré una semana por allí. Hablamos, vale, dijo Silvia

- Si, claro. Te llamo. Un besillo, pásatelo bien, dijo Julio muy desilusionado.

- Gracias, un beso, dijo Silvia apresuradamente y cortó la llamada.

Julio se recostó en la cama de la habitación del hotel. Sabía que esa noche no podría dormir. No tenía ni idea como afrontar la conversación con Silvia. Esperaba que al decirle que la amaba, que no quería perderla y además que estaba dispuesto a intentarlo diera resultado.

Continuará…