30 mar. 2010

TE PARECE QUE SI?...(XIV)



Juan cogió su teléfono para llamar a Marisa e invitarla a tomar café. Tenía claro que hoy se tiraría a la piscina y esperaba que ella le dijera que sí. Hacía una semana que se conocían y desde su encuentro en la cafetería habían hablado durante casi todas las noches y realmente sentía que conectaban.

Cuando Juan vio entrar a Marisa en la cafetería con un vestido negro, casi le da un infarto. Sabía que ese encuentro sería inolvidable, ella estaba espectacular, desprendía una luz especial, sus ojos, su pelo, su perfume, toda ella le atraía, la deseaba.

Se saludaron con dos besos y él le dijo al oído, ¡estás preciosa!. Ella le sonrió y él se sintió desfallecer con esa sonrisa que era lo que primero le había gustado de ella.

Juan no podía dejar de mirarla y apenas le salían las palabras. Logró articular un bueno y se sorprendió de su voz. Ella río divertida y desde ese momento la capa de timidez de él se disipó completamente y comenzaron a hablar mientras tomaban café.

En determinado momento ella miró su reloj y él le dijo:

- Marisa, quizás te tienes que ir y yo te estoy entreteniendo.
- No, no es eso, solo que ya me parecía hora de la cena, pensaba ir a comprar algo al supermercado para cenar.
- Faltaba más, te invito a cenar, qué dices?.
- Vale, me parece genial.
- Qué comida prefieres?, preguntó Juan
- Algo de pescado quizás, te gusta?, contestó Marisa
- Si, conozco un restaurante por aquí en el que sirven muy buenos platos de pescado.
- Perfecto.
- Vas a ir en tu coche o si quieres vamos en el mío?
- Pues es mejor ir en el tuyo, porque el mío está en el taller.
- Aaahh vale guapa, pensaba que lo tenías por aquí cerca. Ven, he dejado el coche en la otra calle, dijo Juan.

Cuando se acercaban al coche, Juan no pudo resistir la tentación y abrazo y besó a Marisa. Fue un beso cálido, tierno y dulce, pero a la vez apasionado y correspondido por ella que aunque le sorprendió la actitud de Juan, se sintió muy a gusto en los brazos de él.

Siguieron unos minutos abrazados sin decir nada, sin articular palabras, hablando con la mirada, diciendo todo lo que querían decirse. Hasta que Marisa rompió el silencio.

- Creo que tengo pizza en casa.
- Me gusta mucho la pizza, dijo Juan.

Al aparcar el coche en la casa de Marisa, se miraron y se besaron nuevamente como preámbulo a lo que ocurriría después y así siguieron.

Entraron en la casa y se quedaron parados casi al lado de la puerta, besándose y acariciándose.

Él rozaba delicadamente su espalda y comenzó a bajar lentamente la cremallera del vestido negro, ese que tanto le había gustado y que había pensado toda la tarde en quitarle, en verlo en el suelo al lado de una cama, descubriendo así el cuerpo de Marisa, ese cuerpo que le atraía, que quería sentir muy cerca suyo.

Marisa le dejo hacer mientras acariciaba su torso, ese que asomaba por debajo de la camisa, fuerte y viril. Juan le parecía un hombre muy atractivo y más aún ahora que le tenía pegado a su cuerpo. Comenzó a desprenderle uno a uno los botones de la camisa negra y a besarle cada pedacito de piel que descubría poco a poco.

Lentamente y sin dejar de besarlo, ella le fue guiando hasta el dormitorio, una cama enorme y con una manta azul les esperaba y en donde casi cayeron los dos abrazados.

Cada centímetro de piel sentía, se deleitaba y vibraba con cada caricia, con cada beso y gritaba por más y más y así entrelazados se dejaron llevar hasta el momento mágico y sublime que los llenó de placer.

Siguieron abrazados por unos minutos sin decir nada, hasta que Marisa rozó con la punta de sus dedos la nariz de Juan y le hizo reír. Él la abrazó fuerte, la besó y le dijo, eres encantadora, eres una mujer encantadora Marisa.

Se levantaron y cenaron, pero lo que querían era volver a la cama que les esperaba cómplice de ese momento de conocimiento mutuo.

Pasaron la noche juntos y cuando se despidieron a la mañana siguiente después de desayunar, los dos sabían que volverían a encontrarse, aunque no sabían cuándo, pero algo era cierto, sus caminos se habían cruzado y así esperaban que siguieran, unidos.

Continuará….