12 mar. 2010

DEL RÍO DE LA PLATA AL MEDITERRÁNEO

Me encanta la mar. Siempre he vivido cerca de ella.

Antes, al ladito del Río de la Plata, el río ancho como un mar, de aguas calmas a veces y a veces revoltosas, dulces también, pero también saladas. Siempre te ví como una inmensa masa de agua, no como un río, de diferentes colores, marrón, naranja, a veces azul o verde.




Montevideo tiene su encanto especial, es mi ciudad, donde nací y ahora que estoy lejos, cada vez que regreso, paseo por su rambla, 22 km frente a ti, el Río de la Plata, la playa, las rocas, donde me gustaba tomar sol a lo lagarto, el Faro de Punta Carretas, ese cuya luz de vez en cuando me llama.




Recuerdo los amaneceres preciosos, la arena blanca y fina, los atardeceres cuando me quedaba en verano hasta tarde en la playa, los miles de colores al ponerse el sol.




Ahora que estoy aquí, veo el Mediterráneo desde la terraza de mi piso, de un azul profundo, de agua salada.




Me gusta caminar por la playa, me relaja, me hace pensar, me emocionan los atardeceres.




Cuando en la tarde paseo frente a ti, el sonido de las olas al romper en la playa me tranquilizan, y también me ayuda a pensar, cuando estoy nerviosa, angustiada, acudo a ti a contarte y me escuchas cual madre abnegada, me entiendes y me dices…ya pasará…vuelve a intentarlo.

Me gusta la mar, por su inmensidad, por su carácter, por su rebeldía, por ser indomable. La mar es como una mujer calma e intensa a la vez, inesperada…me haces mucho bien..mi inmensa mar….